J. Jesús Sierra Arias/Especial
Para algo tan serio y trascendente como es entrevistar a quienes, eventualmente, juzgarán las causas penales, los asuntos civiles, familiares, laborales, mercantiles de la población de Michoacán, los comités de evaluación de los poderes ejecutivo y legislativo, en su afán de desahogar las etapas de la convocatoria a la velocidad de la luz, ayer 2 de febrero desahogaron las entrevistas para los cientos de aspirantes inscritos a este proceso, a quienes convocaron con menos de 24 horas de anticipación. Lo hicieron en fin de semana y además escogieron el primer fin de semana largo del año.
En el marco de una pésima organización (le llaman logística) y en 5 horas, ambos comités formaron en fila india a los aspirantes para, al final, (dos eventos en ese lapso de tiempo) hacerlos que se sentarán frente a un teléfono móvil y, en una especie de Tik tok, declararan en un máximo de cinco minutos, por cada una de las dos entrevistas, su nombre, su folio y la respuesta a una pregunta hecha al azar, formulada por una persona auxiliar de alguien o un prestador de servicio de alguna escuela de derecho.
Esa “entrevista” en la que se sustituyó a las personas por un aparato telefónico, será valorada por los integrantes de los comités de evaluación y el día 7 de este mes habrá resultados finales de quienes sí y de quienes no, vayan a las etapas siguientes. Imagínense nada más que clase de evaluación a las entrevistas habrá.
En esa larga fila de aspirantes, la gran mayoría personas serias y con muchos méritos, se veía a algunos otros con apuro por grabarse las últimas respuestas que no habían podido memorizar en las pocas horas anteriores previas a la cita, de unos cuestionarios que hicieron llegar junto con la convocatoria a la entrevista.
No faltaba la pregunta de los formados en la fila a quienes iban saliendo de la “entrevista” de ¿cómo te fue?, con la respuesta de “me fue muy bien en mi Tik tok”, aunque el rostro de algunos denotaba molestia y/o enfado. Otros más sorprendidos porque había estado tan fácil que no se creían que le habían atinado a la respuesta.
Otros, más serenos, se dedicaron a hacer de esos 300 minutos de espera, un momento para saludar a viejos amigos y conocidos, recordando viejas anécdotas.
A mi parecer eso se asemejaba más a la fila para entrar a un concierto de algún artista famoso, que al desahogo de una etapa de la convocatoria para elegir los juzgadores del futuro.
Una experiencia poco alentadora y totalmente ajena de aquellos concursos para elegir jueces y magistrados en los que, con absoluta seriedad y respeto por el ejercicio mismo, se destinaban esfuerzos para hacer los concursos de selección espacios en lo que, con absoluto respeto a la dignidad de las personas, con la oportunidad adecuada y en los espacios más apropiados para elegir juzgadores, los aspirantes se pudieran concentrar y exponer sus conocimientos en donde el mérito fuera la diferencia entre ser y no ser juzgador.
¿Porque digo todo esto? porque estuve ahí, siendo parte de los cientos de aspirantes, aunque a diferencia de muchísimos de los que ahí estábamos, yo no creo en el “sueño michoacano”, que a menos de 3 kilómetros se afirmó a grito abierto que estamos viviendo en Michoacán.



