*Lo que ocurre hoy junto al Santuario de Pátzcuaro
*Se llaman ecologistas, pero su programa de gobierno es la tala.
Marco Aguilar
La historia no siempre muere por decreto: a veces cae en silencio, árbol por árbol. A un costado de la Iglesia del Santuario, en pleno corazón del Centro Histórico de Pátzcuaro, el ayuntamiento ha comenzado el derribo de árboles dentro del espacio conocido como Plaza del Santuario. Los hechos son recientes, visibles y verificables: troncos cortados, ramas dispersas, tocones desnudos, maquinaria y restos vegetales por doquier. Lo que hace unos días era un pequeño ámbito arbolado ahora es un claro abrupto, herido.
Pero la tala no llegó sola. Llegó acompañada de lo que se ha vuelto marca de la casa: opacidad, improvisación y desconocimiento.
UN ESPACIO CON PROTECCIÓN JURÍDICA QUE SE IGNORA
La Plaza del Santuario no es un lote cualquiera. Forma parte del ámbito catalogado en el Decreto federal que declara zona de monumentos históricos a Pátzcuaro, por lo que cualquier intervención -y más aún la tala de arbolado y modificación del contexto- requiere:
- autorización expresa y previa del INAH,
- proyecto técnico debidamente registrado,
- dictámenes ambientales y de riesgo,
- supervisión profesional,
- y exhibición pública de permisos y responsables.
Nada de eso aparece a la vista. No hay lona informativa, no hay licencia exhibida, no hay anuncios de obra, no hay planos, no hay responsables técnicos visibles. La ley exige que estas autorizaciones se coloquen en sitio, en lugar accesible y legible para la ciudadanía. La ausencia de esta información no es un detalle menor: es un indicio claro de irregularidad administrativa.
DAÑOS A ELEMENTOS PATRIMONIALES
Las imágenes muestran otro hecho grave: daños en el elemento ornamental de la barda atrial del templo, con piezas rotas y tejas desplazadas. No se trata de simple “accidente”. Se trata de intervención sin protocolos, sin protección de bienes, sin control del área, sin coordinación con la institución religiosa colindante.
Nadie avisó a la iglesia. Nadie protegió su entorno. Nadie previno los riesgos. Y pudieron ocurrir daños mayores.
TALA SIN CONSULTA, OBRA SIN PROYECTO, DECISIONES SIN CIUDADANÍA
Meses atrás, el alcalde anunció que “pronto iniciarían obras”. No presentó proyecto, no expuso esquemas, no permitió consulta vecinal, no convocó a especialistas, no sometió el proceso a la opinión pública, no abrió el debate sobre la pertinencia de intervenir este espacio.
Hoy la tala ya ocurrió. El proyecto sigue sin aparecer.
De nuevo, el patrón:
- primero se destruye,
- después se justifica.
DEBER PÚBLICO INCUMPLIDO
En un Centro Histórico reconocido y protegido, la autoridad municipal está obligada a actuar bajo principios de legalidad, certeza, transparencia, técnica y protección del patrimonio cultural. Sin embargo, lo que vemos es lo contrario:
- intervenciones improvisadas,
- ausencia de permisos visibles,
- nulo protocolo de resguardo del patrimonio,
- falta de notificación a la comunidad directamente afectada,
- decisiones unilaterales,
- prioridad absoluta a la imagen política por encima del bien común.
Tenemos una autoridad sin brújula técnica, sin formación patrimonial y sin comprensión mínima de los valores históricos que administra. Un gobierno municipal que confunde ciudad con escenario y patrimonio con estorbo. Y un alcalde que opera en la lógica de la inmediatez, la propaganda y los negocios, pero no en la lógica del cuidado.
NO ES SÓLO TALA: ES SÍNTOMA
Porque no se trata únicamente de árboles cortados. Se trata de algo más profundo y peligroso:
- debilitamiento de la legalidad,
- desprecio por la memoria urbana,
- intervención sin proyecto público,
- erosión del tejido simbólico y ambiental de la ciudad.
Cada árbol derribado en una plaza histórica no es sólo madera: es paisaje, es sombra compartida, es identidad, es continuidad del lugar. Cuando se cortan sin explicación y sin permiso, lo que se derriba es también la confianza.
UN LLAMADO CIUDADANO
Pátzcuaro no necesita alcaldes iluminados; necesita autoridades responsables. Necesita procedimientos, discusión pública, respeto al decreto federal, coordinación con las instancias competentes y transparencia total en cada acción que toque el patrimonio.
Hoy, junto al Santuario, se intervino sin informar, se taló sin explicar y se dañó sin prever. Mañana, si callamos, ocurrirá en cualquier otro punto del Centro Histórico.
El patrimonio no se defiende solo. O lo cuidamos como comunidad, o lo perdemos por partes, talado, fragmentado, convertido en cifra y escombro.



