SINOPSIS POLÍTICA/Mentiras y simulación hunden a Zitácuaro

J. Salatiel Arroyo Zamora

Resulta difícil evaluar -de manera objetiva- si el presente es el peor gobierno que Zitácuaro ha tenido. Lo que sí es cierto, es que no es el mejor, cómo desde el periodo anterior se nos ha pretendido hacer creer, gastando para lograr el engaño cantidades excesivas de dinero público.

Además de un montón de mentiras y simulaciones, que están costando vidas. Por ejemplo, se prometió que Zitácuaro se convertiría en la capital financiera de Michoacán, en el más grande polo de desarrollo del estado y se le hunde en la miseria económica.

No satisfechos con ello, todavía se endeuda al municipio con un crédito fiscal superior a los 100 millones de pesos, hipotecando por voracidad el futuro de los gobernados… de por sí ya abandonados a su suerte, por las alianzas entre criminales, gobernantes y funcionarios, que son del dominio público.

En la pasada colaboración se afirmó que en Zitácuaro cualquier criminal acaudalado puede vivir como rey y nadie lo molestará, aunque ultraje a sus vecinos, pues siempre contará con la protección del gobierno y tendrá más garantías de seguridad que los ciudadanos de bien, productivos y al corriente en el pago de sus impuestos, con los que se mantiene a la negligente y voraz burocracia, se hacen obras y se paga por tener paz y seguridad.

Sin embargo, en este municipio y la región, los delincuentes son mejor atendidos y cuidados, incluso que los niños, pues si hay enfrentamientos las corporaciones policiacas se resguardan en los cuarteles o cubren las salidas a los malosos en su aparente huida, en tanto los ciudadanos ajenos a las conductas delictivas quedan en estado de indefensión y los niños son acribillados.

También se comentó que, de lo anterior, la culpa no es toda de los delincuentes comunes, ya que ellos llegan hasta donde la autoridad o el gobierno se los permite. La responsabilidad máxima recae en los ciudadanos, al momento de elegir a sus gobernantes y representantes populares. Pues el sufragio responsable sigue siendo (todavía) el único instrumento pacifico para lograr el cambio.

Culpables son la omisión, negligencia y confabulación de los tres niveles de gobierno con los cabecillas del crimen organizado, a quienes han cedido el control territorial de la mayor parte de la nación, estados y municipios; patibulario también es el silencio cómplice de Senadores y diputadas, así como el indignante entreguismo de los integrantes del cabildo (Sindica y regidores), que sólo se presentan a cobrar su abultada quincena y avalar lo que el alcalde les ordena.

Y, para quienes se la viven culpando de todo lo negativo al “pasado”, justificando el terror del presente, debo informales que, en Michoacán, el último gobierno que tuvo control real del Estado, fue el de Víctor Manuel Tinoco Rubí, a través de los hermanos García Torres (Antonio y Jorge Eduardo). Después de ellos, todos los gobernadores han sido aliados o marionetas del crimen organizado.

Empezando por Lázaro Cárdenas Batel, hijo del honorable líder de la izquierda e impulsor de la democracia en nuestro país. Quien entregó Michoacán a los “Zetas” y hoy es el “intachable” jefe de la oficina de la presidencia de la república.

Luego entonces, los presidentes municipales desde hace dos décadas son rehenes o empleados de las facciones delincuenciales, algunos por gusto, otros bajo presión, pero cómplices al fin (pues siempre han tenido la opción de renunciar o solicitar licencia para separarse del cargo y conservar su dignidad), pero es más grande el hambre, que el respeto por sí mismos y sus familias, pierden el honor, la decencia y los escrúpulos.

Por eso extraña que el alcalde de Zitácuaro haya aceptado públicamente que su gobierno ha sido “rebasado”, cuando jamás las decisiones trascendentales las ha tomado él o el ayuntamiento, especialmente en materia de seguridad.

Él ha estado rebasado desde la primera vez que fue alcalde y llevado a prisión, hace 16 años (26 de mayo del 2009), acusado de vínculos con el crimen organizado. Resultando insólito que hasta ahora acepte que la situación se ha “desbordado”, cuando la criminal irresponsabilidad del gobierno ha alcanzado a víctimas inocentes.

Pero siguieron engañando a la población, haciéndole albergar esperanzas de que se estaría mejor, siendo el presente su tercer periodo al frente del ayuntamiento, provocando que la crisis de seguridad y financiera se profundicen más.

El Bienestar y la tranquilidad a Zitácuaro no regresarán con desfiles de las fuerzas armadas, como si fueran quinceañeras o adolescentes festejando el Día de la Primavera, ni con espectáculos de helicópteros y drones en el centro de la ciudad, anuncios estridentes de recompensas para quien se convierta en “dedo” o traidor a sus jefes. Todo esto no es más que simulación.

Si en verdad se pretende combatir la criminalidad y el miedo en la población, se debe investigar primero a los protectores y facilitadores de los generadores de la violencia, ir por los gobernadores, presidentes municipales, mandos policiacos de los tres niveles de gobierno y jefes militares.

Pero, antes tienen que ser separados del cargo que ostentan. Para que se les indague en igualdad de circunstancias que al ciudadano común, pero con mayor rigidez, por tratarse de servidores públicos, cuya conducta debe ser íntegra.

En el caso particular de Zitácuaro y Michoacán es evidente que no han podido con su responsabilidad y han aceptado públicamente que han sido rebasados. Además de la ineptitud, resulta irrefutable la flagrante omisión y negligencia, que por sí solas son constitutivas de conductas anti sociales.

Independientemente de la pérdida de la confianza ciudadana. Razones suficientes para ser separados de los cargos y sujetos a investigación, para deslindar responsabilidades.

Por qué, como diría el líder máximo de la 4T, las escaleras se barren de arriba hacia abajo y la basura debe ser expulsada de la casa.

Pero, sobre todo, dejar de votar por los verdugos, indagar a los candidatos y a la mínima sospecha repudiarlos con el sufragio en contra. Además de dejar de pagar impuestos, si estos no son utilizados en una eficiente, honesta y transparente administración, con resultados tangibles a favor de la paz y seguridad de los contribuyentes.

Si lo anterior tampoco da resultado, pedir a los “innombrables” nos liberen de las lacras infiltradas en la política. Al fin que ellos son pueblo y también -en ciertos casos- se les pagan impuestos. Veremos quienes resultan más eficientes para garantizar justicia a los mexicanos.

Aunque, tal vez, el gobierno ha ganado la delantera y los siga utilizando, ahora para canalizar el terror que generan en el sometimiento ciudadano con fines políticos, electorales, de control y dominación colectiva en la implantación o fortalecimiento de una dictadura de corte comunista con la alianza del crimen organizado, pero sin machar la imagen de las heroicas fuerzas armadas.

(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).

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