Pátzcuaro

Accesibilidad en el discurso, exclusión en la realidad

*“Una obra pública deja de ser infraestructura cuando se convierte en propaganda; y deja de ser social cuando excluye a quienes más la necesitan”.

Marco Aguilar


A más de cuarenta días de la inauguración de una obra inconclusa, la Plaza Gertrudis Bocanegra de Pátzcuaro —conocida por sus propios habitantes como la Plaza Chica— se ha convertido en un símbolo incómodo de simulación institucional. Lo que fue anunciado con insistencia como un proyecto de funcionalidad, accesibilidad y orden urbano, hoy se revela como una intervención incompleta, mal ejecutada y socialmente excluyente.

La titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Movilidad (SEDUM), Gladyz Butanda Macías, difundió de forma reiterada que la rehabilitación contemplaba un cruce peatonal de 118 metros cuadrados que conectaría directamente con el Mercado Vasco de Quiroga, garantizando tránsito seguro, accesibilidad universal e integración urbana. Ese cruce no existe. Nunca se ejecutó. La conexión no se construyó. La accesibilidad prometida quedó reducida al discurso.

La obra fue inaugurada sin estar terminada y, peor aún, fue entregada de facto a un gobierno municipal sin capacidad económica ni técnica para concluir aquello que el Estado anunció y publicitó como logro propio. El resultado es una plaza fragmentada, inconclusa, sin resolución de flujos peatonales, sin conectividad real con el mercado y sin condiciones dignas para personas con movilidad reducida.


LA ACCESIBILIDAD COMO SIMULACIÓN
Hablar de accesibilidad no es un eslogan ni una palabra decorativa en boletines oficiales. Es una obligación ética, técnica y legal. En la Plaza Chica ocurre exactamente lo contrario:

  • No existen cruces peatonales seguros y continuos.
  • No hay conectividad funcional con el mercado.
  • Persisten barreras físicas para personas usuarias de silla de ruedas.
  • Las personas adultas mayores enfrentan desniveles, obstáculos y recorridos inseguros.
  • La obra no resuelve la movilidad cotidiana de comerciantes ni de la población local.

Esto no es un error menor. Es una afectación directa a derechos urbanos básicos. La exclusión física del espacio público es, también, exclusión social.

DISFRAZAR ERRORES COMO TRIUNFOS

La narrativa oficial habló de:

  • Funcionalidad
  • Accesibilidad
  • Punto de encuentro
  • Impulso comercial
  • Orden urbano
    La realidad muestra:
  • Obra inconclusa
  • Infraestructura fragmentada
  • Promesas no ejecutadas
  • Recursos públicos sin resultados verificables
  • Simulación de política pública

Cuando una secretaria convierte errores estructurales en “logros” mediáticos, no sólo desinforma: normaliza la mentira como forma de gobierno.

EL DAÑO NO ES ESTÉTICO: ES SOCIAL
No estamos hablando de diseño.
No es un debate arquitectónico.
No es una diferencia de criterios técnicos.
Estamos hablando de personas reales:

  • Personas mayores que ya no pueden cruzar con seguridad.
  • Personas en silla de ruedas excluidas del espacio público.
  • Ciudadanos obligados a transitar sin flujos peatonales funcionales.
  • Familias que enfrentan una plaza que dejó de articular la vida comunitaria.
    Una plaza que no conecta, no integra y no protege, deja de ser plaza.

LA HERENCIA DEL ABANDONO
La obra fue inaugurada, publicitada y políticamente capitalizada por el gobierno estatal, pero heredada en su problema al municipio: sin recursos, sin proyecto ejecutivo completo, sin solución técnica y sin una responsabilidad institucional claramente asumida.
Esta práctica no es excepcional; es recurrente: inaugurar lo inconcluso, anunciar lo inexistente y trasladar los costos políticos y financieros a otros niveles de gobierno.


CONCLUSIÓN
La Plaza Gertrudis Bocanegra no es un caso aislado. Es la expresión de un modelo de gestión pública basado en la simulación:
anunciar, publicitar, inaugurar y abandonar.
La accesibilidad prometida nunca existió.
La conectividad anunciada nunca se construyó.
La funcionalidad proclamada nunca se materializó.
Lo que sí existe es una población afectada, un espacio público fragmentado y una obra que hoy representa exactamente lo contrario de lo que se prometió.
Porque cuando el discurso sustituye a la obra, la propaganda sustituye a la ciudad.
Y cuando la política suplanta a la técnica, es la gente quien paga las consecuencias.
La Plaza Chica no necesita más discursos.
Necesita responsabilidad, verdad y soluciones reales.

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