“La narcocultura no solo ha normalizado la violencia y el poder del crimen organizado en México, también ha contribuido a reproducir una visión degradante y cosificadora de la mujer”, así lo advierte Fito Torres, quien desde su libro Apaguemos la narcocultura plantea la urgencia de combatir este fenómeno desde la cultura, la educación y la conciencia social.
Señala que la narrativa del narcotráfico difundida en música, series, redes sociales y otros espacios mediáticos ha construido estereotipos que presentan a la mujer como un objeto de lujo o de poder dentro del imaginario del crimen organizado. En estas representaciones, la mujer aparece frecuentemente asociada a la riqueza ostentosa, la apariencia física o la subordinación al poder masculino.
“Cuando normalizamos esos mensajes, también normalizamos la idea de que la mujer es parte del botín o del estatus del poder criminal, de ahí la necesidad de un cambio colectivo que inicie desde los espacios cotidianos: la familia, la escuela, los medios de comunicación y las instituciones públicas”, enfatizó Fito.
Diversos análisis sociales y académicos han señalado que la narcocultura suele reproducir modelos donde la masculinidad se vincula con el dominio, la violencia y el control, mientras que la figura femenina queda relegada a roles secundarios o hipersexualizados.
Finalmente, Fito subraya que el debate sobre la narcocultura también debe vincularse con la defensa de la dignidad de las mujeres y con la construcción de una cultura de respeto, igualdad y paz.



