Me lo hago fácil

Ángel Dehesa Christlieb

Yo tengo dos amigos que quiero mucho.

Aquí serán conocidos como M y M, están casados, tienen dos hijas y un bar, al cual llamaremos el Doble Malta, básicamente porque así se llama, un lugar que me tocó ver nacer y que, a lo largo de 11 años, ha ido, como seguramente lo han hecho muchos otros emprendimientos en México, generando empleos, pagando impuestos y sorteando los embates de las pandemias, los inspectores y todo lo que la CDMX y sus autoridades les han aventado.

Yo tengo una tía, Margarita, que es médico y cumplió 80 años en mayo, quien pudiendo haberse ido a trabajar e investigar a donde se le diera la gana, porque es una eminencia en su campo, o hacerse millonaria con la medicina privada, decidió, en cambio, quedarse y servir a su país en el Instituto Mexicano del Seguro Social.

Yo tengo un cuate, Paco, que le va a los Steelers porque nadie es perfecto, quien junto con su esposa Lourdes tienen una agencia de medios, que me dan trabajo y que le dan trabajo a muchas personas. Ambos han tenido que hacer marometa y media para corretear una chuleta que, gracias a la 4T y sus políticas de generación de pobres, está cada día más difícil de alcanzar.

Yo tengo una madre (aunque muchos lo duden), que sacó adelante a tres hijos y, por elegir hacerlo, pasó más de 30 años trabajando como encargada en la biblioteca de la Facultad de Arquitectura en la UNAM, en donde, todavía hoy, se acuerdan con cariño de la Licenciada Conchita.

Yo tengo un hermano que no es hijo de mis padres, Andreas, que dejó la vocación eclesiástica para predicar desde el escenario y hacer reír a las personas con su humor, el cual, hace algunos meses, arrastraba la cobija por el bajío porque pensaba que su show ya no gustaba, hasta que un representante le dijo que todo el mundo andaba(mos) igual porque, cosa rara, aunque vivamos en Jauja desde 2018, nadie estaba contratando.

Yo tengo dos hermanas y un hermano, Juana Inés, Mariana y Andrés, los cuales trabajan y son buenas personas, se preocupan por los demás y, con su sola presencia, hacen de este mundo un lugar mejor y hacen de mí una mejor persona.

Yo tuve y tengo un padre, quien, con todas las broncas que tuvimos en lo personal, amó a su país y, desde donde pudo y como pudo, se mantuvo íntegro, fiel a sus convicciones y usó sus dones y medios para ayudar a quien lo necesitara.

Yo tengo muchas personas que me hacen favor de leer esta columna, algunas se hacen presentes y otras no. Estoy seguro de que no estarán de acuerdo en todo conmigo, ni falta que hace, pero sí creo que, como yo, aman a México y sólo quieren que, quienes están obligados a hacerlo, les den las condiciones para trabajar, prosperar y hacer crecer a nuestro país.

Yo tengo un amor, Veranda, ella es maestra por vocación, porque podría haber sido muchas otras cosas, pero decidió dedicarse a la docencia y a la formación de los niños en escuelas y trabajando con infancias vulnerables en Acapulco después del huracán y con niños migrantes en la Plaza de la Soledad, ahí atrasito de donde vive la presidenta que dice que todo está padrísimo y de donde despacha la jefa de gobierno que piensa que con ajolotes y pintura morada todo se arregla.

Si el espacio en esta columna fuera tan amplio como el de mi corazón, podría mencionar a muchos y muchas más personas, mexicanos y mexicanas que son honrados, decentes y trabajadores, los cuales, realmente son un activo para este país y para este mundo.

Y esos son solo los que conozco, trato y quiero, seguro hay muchos, muchos más que, repito, aunque no vean el mundo igual que yo, son buenas personas, que viven de su trabajo y quieren ver a México salir adelante, por la buena y trabajando, no con pensamientos mágicos, ni retóricas rancias, ni mentiras tramposas.

A todos ellos y a mí mismo son a los que la presidenta, ya encarnada en abogada de los corruptos, está comprometiendo con su insostenible e insoportable discurso de que la “soberanía” es defender a los ladrones, porque los ladrones, si se visten de guinda, son “México”.

Señora Sheinbaum ¿quién se cree usted y con qué derecho nos pone en riesgo a todos?

¿En serio me pide que cambie la seguridad, las posibilidades de crecer a través del trabajo y pelearnos con nuestro principal socio comercial (independientemente de lo cuestionable de sus motivos), por defender a una ristra de sátrapas, ladrones y vividores que se pasean, literalmente, por el mundo haciendo gala de riqueza y naquez?

Porque eso es lo que está haciendo la encargada del despacho presidencial: usar tramposamente el argumento de la “injerencia” y la “violación de la soberanía”, empleando el método probado y comprobado de la 4T, el cual descalifica al mensajero (el cual, en este caso, tiene mucho de descalificable) sin importar si lo que dice el mensaje, aunque no nos guste, es cierto o no.

Igual que el borracho que se despierta al día siguiente y ve las estupideces que hizo o dijo, la presidenta, que ya está viendo que su patrón en Palenque no las tiene todas consigo, dijo hoy lunes en la mañanera que no la vayan a malinterpretar, que no es Trump el que nos desea el mal, sino las fuerzas oscuras del Departamento de Justicia, que le dicen cosas feas de ella al Agente Naranja.

Para eso me gustaba.

Señora Sheinbaum, deje de poner en riesgo a México y a los buenos mexicanos por defender a sus cómplices y a los que, gracias a ustedes que se dejaron comprar, gobiernan realmente este país.

La hicieron… ahora páguenla y no nos use a nosotros como moneda de cambio.

Buen lunes y buen junio para todos

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