Jaime Darío Oseguera
La eventual negociación de un nuevo Tratado de Libre Comercio, puede poner en riesgo varios aspectos importantes en el desarrollo del país en este momento de bajo crecimiento económico.
Una buena parte de las decisiones económicas, se construyen a partir de las expectativas. La inversión, el tipo de cambio, el precio de algunos insumos, las exportaciones e importaciones dependen de la situación económica de los países o actores involucrados.
Si no hay claridad en lo que va a pasar con el Tratado de Libre Comercio, las empresas y productores de los tres países, esperarán a tomar decisiones hasta tener la certidumbre de su eventual renovación o para saber qué sectores resultarán afectados o beneficiados.
El Presidente Donald Trump ha manifestado su decisión de que el actual Tratado de Libre Comercio TMEC “expire”, lo cual puede tener muchos significados atendiendo a la manera en que se conduce nuestro vecino presidente. Como dice una cosa dice otra.
Un acuerdo de esa naturaleza tiende a incluir cláusulas de revisión y renegociación. Lo último que se negoció fue que el TMEC sería revisado en el 2026. Y así será.
Tal vez por eso habla Trump de la terminación o extinción del Tratado, asumiendo que en la revisión pactada, él apretará las negociaciones de tal manera que no le convenga a ninguno de los tres países.
Esa es la forma de negociar de Trump: “apretar para luego soltar” como lo ha hecho al subir los aranceles literalmente a todo el mundo. Sin embargo, tiene una condicionante en el caso del Tratado de Libre Comercio. La zona de América del Norte está irreversiblemente integrada tanto en lo económico, comercial, político y cultural.
No hay forma de desaparecer los acuerdos que han vinculado cadenas productivas en los tres países. Hay grandes inversiones de empresas globales que seguramente presionarán para que prevalezca la zona de libre comercio en América del Norte.
El eslogan de Trump para “volver a hacer grande a los Estados Unidos” (make America great again), implica una posición proteccionista, contraria a la tradición del libre comercio. Es muy atractivo el discurso que rechaza las inversiones en otros países porque eliminan puestos de trabajo en Estados Unidos. De manera que se trata más de una posición político electoral que una política económica seria.
Una renegociación difícil del Tratado podría provocar un aumento en el precio del dólar. Si la inversión extranjera se frena, es porque no saben qué va a pasar con el Tratado. De ser así, podría haber una menor cantidad de dólares ingresando al país, lo que aumenta la presión sobre el tipo de cambio.
Hay analistas que aseguran que, de no aprobarse una nueva versión del Tratado, el dólar podría llegar hasta la banda de los 22 a 25 pesos, provocando un efecto negativo en las empresas que conservan deuda en dólares y en las que tienen un alto componente de insumos de importación o en general de los artículo que se compran del exterior.
La deuda del sector público también se compone en dólares así que una devaluación de nuestra moneda tiene una implicación importante en las variables económicas como la inflación y el crecimiento.
Resulta claro que los Estados Unidos buscan que países externos a la zona como China en particular, no se beneficien de las ventajas pactadas en el tratado. Un elemento importante que será motivo de las negociaciones son los componentes nacionales de los productos sujetos a los beneficios de libertad de aranceles.
La queja es que los productos chinos o de otros países entran a México y de aquí aprovechan el trampolín para pasar a los Estados Unidos evitando así pagar los aranceles que les imponen allá. Algo hay de cierto. Es lo que hace China en muchos países de América Latina y lo hacen sin dejar sembradas redes de inversión o desarrollos tecnológicos, lo cual es notoriamente negativo para nuestros países.
El proyecto original de la zona de libre comercio, es que las empresas globales que quieran maquilar productos, se establezcan en México buscando bajos niveles de salarios y menos restricciones ambientales o incluso laborales. Condiciones diferentes de las que hay en Estados Unidos, Canadá o sus países de origen.
Las reglas de origen son disposiciones que obligan a los productos de la zona de libre comercio a tener un componente regional. La revisión del Tratado va a presionar al sector automotriz cuyos componentes, aunque se armen en México, provienen de diferentes partes del mundo.
Si la renegociación del Tratado apunta por aumentar el contenido nacional de las partes que integran un vehículo producido en México para la exportación, puede tener el efecto positivo de que lleguen mas empresas de autopartes a producir en nuestro país. Pero también podría frenar las decisiones de inversión de las grandes empresas automotrices y eventualmente presionar sus costos de producción. Hay que recordar que representan una cantidad importante de empleos y divisas.
Estados Unidos va a negociar que se establezcan salarios más altos y restricciones similares a las que se tienen del otro lado de la frontera, asumiendo que esto llevaría a más empresas a regresar a Estados Unidos al no tener las ventajas salariales y normativas en México.
Trump quiere mostrarse como el hombre de las grandes decisiones para su país en todos los ámbitos. Nuestra ventaja será que en estos seis meses que faltan para la revisión, se irá desgastando aún más y no necesariamente tendrá la misma capacidad de negociación ante el Congreso ni el mismo peso político ante la opinión pública.
No descartemos que lo renegocien para que todo siga igual, obteniendo una gran ganancia política para Trump, que también sería un triunfo más para la presidenta Sheimbaum.
Lo cierto es que, para volver a crecer, entre otras cosas necesitamos un buen Tratado de Libre Comercio en 2026.



