LA ESPINITA/De los 10 que tenía, ¿ya sólo le quedan siete?

Andy S. K. Brown*

La enérgica defensa de Claudia Sheinbaum a sus narco políticos se ha debilitado a medida que, uno a uno, los indiciados se van entregando a la justicia estadounidense.

Claro que los dos electos con el apoyo incuestionable de “Los Chapitos” -Rocha e Inzunza- siguen gozando del manto protector que se extiende desde Palenque hasta el Zócalo de CDMX. Sobran las “pruebas, pruebas, pruebas” para comprobarlo.

No ha sido así en el caso de los otros ocho imputados. Ya dos se le “escaparon” a la inquilina de Palacio Nacional. “No tuvieron cuidado en vigilarlos”, se quejó Gerardo Fernández Noroña, en un reclamo a su némesis “El Batman” García y a los dos titulares de las Fuerzas Armadas. Ya ve usted que feo se llevan entre ellos.

Uno de los “huidos”, el general Gerardo Mérida, quien durante algunos meses fungiera como secretario de (in)Seguridad en el narco gobierno sinaloense, comparece hoy ante el tribunal del sur de Manhattan, luego de haber “despepitado” y entregado evidencias de la narcopolítica cuatrotera ante fiscales y elementos de las agencias de seguridad de los vecinos del norte.

El otro, Enrique Díaz, quien manejó los dineros públicos y supongo que también los ilícitos de Rocha Moya, se había fugado a Austria, pero se entregó y ya desde este último viernes se encuentra en el territorio donde ondea por doquier la bandera de las barras y las estrellas.

¡Tachún! ¡Tachún! También “cantará” a ritmo de tambora.

De quien persiste la duda es del tercero que aparentemente ya se entregó. Marco Antonio Almanza Avilés, exjefe de la Policía de Investigación de Sinaloa.

Hay quienes afirman que ya se entregó a la justicia del Tío Sam. A través de posts de su esposa y de un video grabado por él mismo, Almanza desmiente esa versión.

De “los 10 de Sinaloa” a Sheinbaum ya nomás le quedan ¿siete?, ¿ocho?


En las cámaras legislativas de nuestro país tienen la mala y fea costumbre de solicitar “la votación de la mesa”, refiriéndose a los presidentes, vicepresidentes y secretarios que integran la directiva de las sesiones.

Se les ha explicado en infinidad de ocasiones que las mesas no votan. La función principal de una mesa es proporcionar un área de apoyo para realizar múltiples actividades, como comer, trabajar, estudiar o colocar objetos, pero entre ellas no está la de emitir votos. Ni siquiera hablan, ni levantan una de sus patas cuando la votación es económica –esto es, cuando los legisladores levantan el dedo.

En México, a las mesas se les ha encomendado otra función: la de diálogo, negociación o hasta cesión.

Se establecen mesas con los maestros disidentes a quienes Sheinbaum no les ha cumplido sus compromisos de campaña; con agricultores, que sufren las de Caín por falta de precios de garantía, restricciones en el uso del agua para riego, carestía de fertilizantes y hasta el desprecio gubernamental a su labor; con autotransportistas a quienes asaltan y hasta asesinan no solo los delincuentes, incluso policías de los tres órdenes de gobierno; mesas, pues, con quien usted guste y mande, pero nunca hay resultados que satisfagan a ninguna de las partes.

Las mesas no votan.

Tampoco sirven para dialogar cuando enfrente se tiene a un gobiernito sordo, pero además en ruta directa a la bancarrota.

(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).

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