- Las consecuencias de Chernóbil y Fukushima son juego de niños en comparación con lo que puede suceder si los actuales gobernantes ceden a una mínima pulsión de soberbia o locura, quizá a la idea de que obedecen al llamado de Alá y sus miles de vírgenes. ¿Qué es lo que realmente nos coloca en esta situación?
Gregorio Ortega Molina
Hace días le doy vueltas a una pregunta que carece de respuesta, porque si se toma la decisión por soberbia o yerro, muchos habrán, o habremos muerto, si no es que la mayoría. Las posibilidades del accidente nuclear son ciertamente reales ahora que Irán ingresó a las ligas mayores de los protagonistas en los juegos de guerra.
Con lo que involucran como destino de la humanidad, esas decisiones ¿son unipersonales o colegiadas? ¿Por ideología o religión? ¿Es posible rescatar a la humanidad de la estupidez de sus líderes?
Desconocemos cuál es la formación ética, política, moral (si la tienen y conocen el concepto) y religiosa de Donald Trump, Vladimir Putin, Benjamín Netanyahu, Xi Jingpin, los ayatolás que por lo pronto disputan por convertirse en los interlocutores de Alá. Para estos fulanos, que son terriblemente humanos, tomar una decisión de ese calibre equivale a acudir al mingitorio y regresar al centro del poder sin siquiera lavarse las manos o purificarse, como lo exigen sus rituales. Son tan descuidados y sucios como cualquiera.
Las consecuencias de Chernóbil y Fukushima son juego de niños en comparación con lo que puede suceder si los actuales gobernantes ceden a una mínima pulsión de soberbia o locura, o a la idea de que obedecen al llamado de Alá y sus miles de vírgenes. ¿Qué es lo que realmente nos coloca en esta situación?
Supongo que Vladimir Putin desea transmutarse en la reencarnación de José Stalin, y la manera de saciar esa pulsión es patear, literalmente tratar a patadas a los ucranianos, por empeñarse en preservar lo que son y no súbditos rusos. Benjamín Netanyahu se empeña en actuar como Moshe Dayán. Donald Trump quiere jugar a ser como Truman y tiene en sus manos una réplica del Enola Gay, pero en lugar de poseer un Little Boy transforma su arma en un FAT BOY con potencia para diezmar a buena parte de la civilización, aunque sabe que no hay regreso después de un estallido nuclear con las bombas que hoy tienen en sus manos.
El caso de los líderes religiosos de Irán es distinto, ellos están dispuestos a proceder como Alá los instruya, para así allanarse su camino al paraíso sobre los cadáveres de los humanos muertos por su decisión.
@OrtegaGregorio
(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).



