A Don Antonio Rodríguez Zarco, mi padre.
In memoriam
Francisco Rodríguez
Un país como México no se gobierna ni con murallas chairas, ni con juicios de desafuero al gusto, menos aun con ataques a los críticos y opositores en las mentiñeras.
El Estado no está equipado para impartir justicia, menos para corretear adversarios políticos. Y aunque todo el mundo burocrático se desviva por halagarla, la heredera del aprendiz de brujo no sabe ni qué fuerzas desata. La historia más reciente la juzgará.
Porque para ella, hoy, lo único importante es robarse la elección intermedia, y las urnas de 2027 serán las fiscales idóneas para pedir que a Claudia Sheinbaum se le declare culpable.
Ella, la inquilina de AMLO en Palacio Nacional busca asegurar su tambaleante mandato con mayorías infladas y consolidar la permanencia del régimen de Cuarta…, pese al rechazo interno y las críticas y presiones externas.
Se trata, al final del día, de saldar las cuentas con ella misma, de solucionar sus problemas juveniles de agitadora universitaria -que seguro no asistía a clases, y se le nota-, de ser la verdugo (con A) personal de su memoria, la víctima de sus molinos de viento, la ejecutora de sus atormentados recuerdos.
Quiere Sheinbaum ceñirse de nuevo la corona de lo fallido, aunque deba tomar posesión sobre montañas de cadáveres que den fe de su victoria. Aunque deba seguir rindiendo informes ñoños de su actuación frente a auditorios despoblados de almas muertas, de vacíos y de ecos sonámbulos. Todos los micrófonos acomodados al tamaño de su pequeñez.
Lo volveremos a ver este próximo domingo cuando celebre los dos años de su cuestionable triunfo electoral, ya manchado por la narcopolítica, y cuando arengue una vez más en contra del gobierno de Donald Trump, sin siquiera medir las consecuencias que ello podría acarrearle a México.
La que termina ha sido una semana de murallas legislativas chairas:
Una para que se establezca una especie de “comité de salvación”, al estilo de Maximilien Robsepierre, un órgano ejecutivo de facto durante la Revolución Francesa, transformándolo en el principal motor del “Reinado del Terror” para salvar a la república, en este caso, de las injerencias extranjeras que, de comprobarse, llevarían a la anulación de la elección.
Otra, para que los partidos políticos postulen solo a candidatos que no estén ligados al crimen organizado y, con ello, evitar las vergüenzas que hoy sufre el Movimiento de Resentidos y Narcos (Morena), con personajes como Rubén Rocha, Enrique Inzunza y una pléyade de gobernadores, senadores, diputados y alcaldes que se treparon al poder con la ayuda y el dinero del narcotráfico.
En ambos casos de lo que se trata es de que Morena anule los triunfos de quienes no le convengan, encarame a los suyos y se robe las elecciones… otra vez.
AMLO, Adán y Ricardo Monreal
Remontándonos al hubiera -que a veces sí existe- vale preguntar si legislaciones similares hubiesen estado en vigor antes de 2018, ¿López Obrador podría haber sido candidato?
No solo porque está documentado que recibió recursos del narcotráfico para solventar gastos en sus tres campañas presidenciales, de la que solo la tercera fue la vencida, lo mismo que protección y apoyos logísticos. También poque habría recibido dólares provenientes de los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y hasta de la depauperada Cuba -militares ricos, pueblo pobre-, y apoyos de la izquierda española, por lo menos.
(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).



