Huitzontla bajo asedio: entre uniformes, encapuchados y la sombra del cártel de Aquila

Red 113 Michoacán/ portalhidalgo.com

Chinicuila, Mich.-La pesadilla comenzó con el primer zumbido de los helicópteros. Eran las 8 de la mañana de este viernes cuando los pobladores de la comunidad indígena de San José Huitzontla de este municipio, escucharon el estruendo de más de 80 patrullas que avanzaban por los caminos de terracería.

Venían con todo: vehículos blindados, camionetas tipo “monstruo” sin placas, jeeps grises, y una Suburban que destacaba entre la caravana. Pero lo que más inquietó a los comuneros no fue el poder de fuego o la tecnología sino el rostro cubierto de quienes los tripulaban.

“No traían papeles de alguna orden, no traían nada”, cuenta una mujer cuya identidad se protege por temor a represalias: “Nos gritaban que nos calláramos el hocico, que éramos unas pinches viejas”.

Según los testimonios, los agentes -o al menos quienes vestían como tal- portaban uniformes similares a los de la Marina, Guardia Nacional y policías, y cubrían sus rostros con pasamontañas y lentes oscuros.

La operación fue brutal y caótica. Hubo empujones, insultos, golpes a jóvenes y mujeres, y cateos sin orden judicial. “Entraron a las casas, rompieron puertas, tiraron cosas al suelo. Hasta la capilla de la Virgen de la Candelaria fue saqueada. Se metieron ahí como si fuera un escondite del narco, pero sólo había veladoras, santos y flores”, narró otro comunero.

De acuerdo con diversas versiones de los pobladores, varios de los vehículos civiles traían bolsas negras que fueron descargadas rápidamente y su contenido fue incinerado en distintos puntos de la comunidad: “Eran armas y cascos. Creemos que querían sembrar evidencia. Nadie de aquí tenía eso”, dijo otro habitante.

En medio de la confusión, la comunidad también presenció la detención de al menos 12 personas que son comuneros, afirmaron los entrevistados. Gente del pueblo que no tiene nexos con el crimen organizado, a decir de sus vecinos. Los gritos de protesta fueron ignorados. Nadie explicó los motivos del “operativo”, nadie mostró papeles.

Pero quizá lo más inquietante para los pobladores fue la presencia de civiles que reconocieron como habitantes de Aquila: “Entre la gente que venía con los encapuchados identificamos a Dimas Ibarra. Él es del municipio de Aquila, y desde hace tiempo se sabe que está ligado al cártel de esa zona”, denunciaron.

La comunidad teme que estos operativos no sean para combatir al crimen sino para protegerlo. “La gente mala viene de pronto a hacer chingaderas, y ahora también las autoridades”, expresó un testigo: “Por eso exigimos la intervención directa de la presidenta Claudia Sheinbaum. Esto no puede seguir pasando”.

La jornada terminó como comenzó: con miedo. Las patrullas se fueron, pero dejaron un pueblo con puertas rotas, santos destruidos y mujeres y niños llorando. San Juan Huitzontla sigue de pie, pero ahora con la mirada puesta en el cielo, esperando respuestas que aún no llegan. Y sólo les quedan los rezos.

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