Ramón López Silva
Hoy, Michoacán vive un ambiente de inseguridad, donde el crimen organizado va ganando la batalla, sembrando el terror entre sus habitantes. Así se vivió el pasado 1 de noviembre de 2025 en la ciudad de Uruapan, y que resonó en todo Michoacán, fecha marcada por un acto sangriento: la muerte de otro presidente municipal. Pero no era cualquier presidente.
A diferencia de otros, Carlos Manzo se recordará como aquel michoacano que llegó al gobierno y se reveló contra los poderosos, no solo del crimen organizado, sino también de la política mexicana.
Al igual que el líder limonero Bernardo Bravo, de Apatzingán, Michoacán, que recientemente levantó la voz exigiendo seguridad, ayuda al campo y mayor intervención del gobierno en sus municipios olvidados por las autoridades, Carlos Manzo también fue un luchador que se atrevió a levantar la voz contra el poderoso crimen organizado y los gobiernos ausentes. Estos actos en los que perdieron la vida son un claro mensaje al pueblo mexicano: quien se atreva a levantar la voz en contra de ellos, encontrará la muerte como único camino seguro.
Este actuar es un claro uso de poder de aquellos que se creen intocables en el narco y la política, para quitar de en medio a gente que incomoda.
Sin embargo, para aquellos que se atrevieron a ejecutar estos actos aterradores y que creyeron que arrebatándoles la vida lograrían quitarse de encima sus preocupaciones, se olvidan de que para estos incansables líderes, la muerte es solo un paso para trascender de lo sublime a lo eterno.
Solo muere aquel que no deja huella en este mundo terrenal. Trascienden aquellos que, por sus actos, son un ejemplo para todos y que impulsan a mejorar. La muerte no significa el fin de una vida, sino que, en vida, transformó con su ejemplo, actos fraternos y de bien social, por lo que siempre serán recordados.
Al ver a estos luchadores sociales y aquellos que, por sus actos de justicia y oposición al sistema, fueron arrebatados de la vida, pero que marcan la diferencia en la sociedad y cuya muerte no marca un fin, sino que trasciende y da vida con su ejemplo, les pregunto a usted, querido lector: ¿está usted preparado para morir? ¿Sus actos en vida serán dignos para ser recordados?
Lo cierto es que Michoacán y el país completo no merecen estar sometidos al miedo y el terror. Juzgue usted.
(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).



