Orlando Daniel Hernández
Es un lastre, un golpe que daña las entrañas de las familias, las destruye, las lástima y las quiebra.
Son las llamadas desapariciones forzadas, aquellas que sufren las víctimas contra su voluntad y qué generan angustia física y mental.
En México las cifras oficiales advierten de 131 mil desaparecidos, aunque el listado negro resulta incuantificable, porque muchos casos no se denuncian.
En Michoacán podríamos hablar de un histórico de 12 mil casos, pero a la fecha se trabaja sobre siete mil, señaló el Comisionado Estatal de Búsqueda de Personas Alfredo Tapia Navarrete.
Es un problema complejo y difícil, las causas de la desaparición son multifactoriales, señala.
Pegas de carteles con rostros de niños, niñas, jóvenes, mujeres y adultos, inundan paredes.
Algunas desapariciones llevan años, lustros y hasta décadas, pasan los años y los gobiernos no resuelven, señalan voces desde el anonimato, voces cansadas que se quiebran , pero que no se apagan.
Las desapariciones forzadas afectan diversos estratos en Michoacán, uno de ellos es el gremio periodístico en donde se reportaron los casos de María Esther Aguilar Cansimbe y José Antonio García Apac, desaparecidos en el 2009 y 2006.
Niños y niñas sustraidos del hogar, jóvenes levantados, personas que abandonan los hogares, sujetos que se pierden y huyen, además del asecho del narco reclutador son parte de esta problemática social.





