DE PE A PA/La avaricia y el hambre

Alberto Vieyra Gómez.

Siete defectos hacen trisas al ser humano y lo convierten en una marioneta. ¿Cuáles son esos infames 7 defectos? Son: Orgullo o soberbia, lujuria, ira, gula, pereza, envidia y avaricia.

Si usted amigo lector y radioescucha conoce a un alcohólico o neurótico anónimo, siéntese con él a que le hable pormenorizadamente de cada uno de los defectos de carácter del ser humano. No conozco a ningún psicólogo o psiquiatra que sepa más que ellos.

Seguramente le dirán horribles son defectos como la envidia, esa que orillo a Caín a matar a su hermano Abel o ese otro horripilante defecto que llevó a Judas Iscariote a vender a Jesucristo por 30 monedas.

Y es precisamente ese maldito defecto de la avaricia el que convierte a la mayoría de los politicastros en detestables seres que no tienen llenadera y cuando están en los puestos públicos pareciera que su carrera política es la de amasar y amasar fortunas y más fortunas hasta convertirse en individuos asquerosamente detestables.

La semana pasada, pasará a la historia como la semana en que uno más de la 4T le hecho una raya más al tigre, pues supimos los mexicanos que José Ramiro López Obrador, hermano del expresidente Andrés Manuel López Obrador en tan solo 7 años se hizo como Pedro de muchas mulas.

Sí, mire usted, el hermano del presidente más mentiroso y farsante que ha tenido la república nos dio con singular desfachatez que ya es dueño de 13 ranchos y 694 cabezas de ganado y que sepamos usted y yo ese angelito, igual que los hijos de AMLO no tenían ni en que caerse muertos, no trabajaban y vivían solamente de las goterotas que le caían al ciudadano presidente y de las que no le daba cuenta a nadie. Se ve que éstos llegaron al poder con mucha hambre y hartas ganas de comer.

¿Por qué permitimos los mexicanos que esos politicastros del color o sabor que sean ultrajen nuestra dignidad humana?

Pareciera que el quehacer político sirve solamente para que unos deshonestos pillos nos roben cuantas veces les manden sus defectos de carácter.

Podríamos completar fácilmente dos libros con los politicastros pillos que de la noche a la mañana nos salen con que se hicieron como Pedro de muchas mulas. Por ejemplo, el llamado quince uñas Antonio López de Santa Anna se hizo de dos haciendotototas en Jalapa y Manga de Clavo en el sur del estado de Veracruz y que juntas tenían un valor de 150 mil pesotes de aquellos y contaba además con media docena de ranchos.

Porfirio Díaz no cantaba malas rancheras, pero fue su yerno Ignacio de la Torre y Mier, quien poseía dos de las haciendas más chonchas en el Estado de México, una de las cuales era administrada por Emiliano Zapata, quien según las malas lenguas cuentan que se entendía en cuestión de amores con el marido de Amada, la hija de don Porfirio. A este Ignacio de la Torre y Mier se le conoce en política con el número del 41.

La anécdota cuenta que durante una redada nocturna que hubo en la casa rosa en la Ciudad de México fueron apañados 41 homosexuales, entre ellos el yerno de don Porfirio y el castigo sería mandarlos a Mérida, Yucatán para que de allá se regresarán en su Dosh, sí, en su “dosh patas”; pero por esas artes del poder, la mañana en que iban a ser embarcados solo aparecieron 40 porque el 41 desapareció misteriosamente.

Le dijo que el asunto da para muchos libros, pero por ahora ya veremos cómo los electores mexicanos se las cobran en las urnas a esos corruptazos de Morena, que repito llegaron al poder con una atrás y otra adelante, pero ahora y por las artes del poder y de un asqueroso defecto llamado avaricia, ya son dueños de casi todo México y si nos seguimos descuidando nos dejan en ceros y en la vil calle.

(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).

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