Alberto Vieyra Gómez.
¿AMLO el mejor presidente de México con casi 1 millón 100 mil muertos, incluyendo los 54 mil desaparecidos en el sexenio de los “abrazos y no balazos” a razón de 25 por día?
Ya habíamos anticipado que el juicio de la historia sería implacable contra el presidente más mitómano que ha tenido la república en la historia del presidencialismo con más de 112 mil mentiras. Su corcholata que hoy está en la presidencia comenzó a utilizar la fuerza del aparato del Estado mexicano para hacerle creer al “pueblo bueno y sabio” que López Obrador ha sido el mejor presidente de todos los tiempos.
La presidenta científica está enojada contra los críticos de López Obrador, no sólo porque le siguen llamando narcopresidente y porque durante su sexenio la república vivió la peor debacle que exhibe a un Estado fallido y criminal.
Uno de esos críticos es sin duda, el llamado jefe Diego, Diego Fernández de Cevallos y justamente él pareciera haber escrito en Milenio este lunes un artículo que resulta lectura obligada para cualquier mexicano de sano juicio titulada: La paz, privilegio de los muertos. Dice:
“Quien durante seis años mintió, robó y traicionó; quien visitó, liberó y prodigó abrazos a delincuentes, de quienes se sirvió; quien dejó cientos de miles de muertos y desaparecidos; quien despreció la Constitución y acabó con la división de poderes; quien destruyó los servicios de salud pública causando más de un millón de muertos; quien endeudó al país como ningún otro presidente (ni muchos de ellos juntos) de la historia nacional; quien afirmó reiteradamente que, si durante su gestión no se pacificaba al país, la 4T habría fracasado, hoy es llamado por su beneficiaria: “el mejor presidente en la historia de México”, y pide que lo dejen en paz. Así se las gasta la ínclita señora. Vivimos el rutilante “humanismo mexicano”, encarnado en la científica y estadista aclamada por “más del 80 % de los mexicanos”.
¿Y por qué debemos dejar en paz al referido benemérito? Porque los dantescos hallazgos hechos por buscadores de sus seres queridos en Jalisco y Tamaulipas exhibieron ante el mundo miles de osamentas humanas y montañas de zapatos, mochilas, ropas, fotografías y libretas con apodos de personas, mostrando la existencia de verdaderos campos de exterminio, y eso mereció ser comentado en una de las “mañaneras del pueblo”. Pues la emperatriz, como reconocida científica, repitió lo dicho ad nauseam por tantos gobernantes: “que se investigue y se finquen responsabilidades”.
Pero inmediatamente después, como se esperaba, defendió a su amo y señor. Antes de toda investigación lo exoneró de cualquier culpa o responsabilidad al respecto, diciendo en una de sus interesantes mañaneras: “ayer vi que narcopresidente López Obrador”, y exclamó indignada: “¡ya déjenlo en paz!” … “¡Todo otra vez contra López Obrador, cuando quien tenía el resguardo del predio era la fiscalía estatal… Ya se les olvidó García Luna, ya se les olvidó la guerra contra el narcotráfico, ya se les olvidó Felipe Calderón. ¡El único detenido de un gobierno, funcionario público, es García Luna!”.
Dicho de otro modo: la orden de la emperatriz a las fiscalías y al pueblo bueno es clara y terminante: nada de investigar acciones y omisiones del gobierno anterior, ni mucho menos las del mejor presidente que ha tenido México; culpen a Calderón, a García Luna y a la fiscalía estatal. Todo eso estará justificado in pectore aplicando el apotegma de: “Amor con amor se paga”. ¡Viva la revolución de las consciencias!
Pero no hay razón para preocuparnos: El segundo piso de la 4T pone esos miles de huesos y muchos más a disposición de los interesados; los harapos y zapatos viejos los entregará a mendigos en Tiendas del Bienestar, pero que nadie se atreva a perturbar la paz de ya saben quién, porque “a México se le respeta”.
Ocultan estos miserables, que han hecho de la paz “un privilegio exclusivo de los muertos”.



