Cuba en la mira

Jaime Darío Oseguera

El pueblo cubano y mexicano tienen raíces entrañables de amistad, familia, historia y futuro. Es difícil distinguir algún momento de la historia sin la relación cercana que se ha cultivado crecientemente desde mucho antes de nuestro nacimiento como países independientes, con relaciones ininterrumpidas desde el inicio del Siglo XX.

Por Cuba tuvieron que pasar las expediciones, comercio, piratería, esclavos, conquistas, guerras que luego aterrizaron en México y en todo América Latina. Somos vecinos compartiendo un espacio marítimo importante.

La relación de México con el régimen de Fidel Castro, está marcada por el apoyo a los guerrilleros cubanos que exiliados, llegaron huyendo de la dictadura y encontraron cobijo, se reagruparon, lanzando después en definitiva desde Veracruz su épica travesía para derrocar al régimen de Batista.

Los gobiernos mexicanos en turno no sólo toleraron su entrenamiento, lo propiciaron, y fueron proveedores de los elementos e insumos que permitieron la llegada de Fidel Castro con su proyecto de transformación política y social que cambió la historia del mundo, al lado de un puñado de barbones que salieron en un pequeño yate desde México.

México por ejemplo fue el país que apoyó a Cuba ante los embates permanentes del gobierno de los Estados Unidos a lo largo de la historia reciente como modelo socialista.

Nunca rompimos lazos diplomáticos con Cuba al triunfo de la Revolución, lo que sí hicieron muchos países del mundo y la mayoría de la región. El intercambio permitió algo que se ha conocido como la regla no escrita de las relaciones entre ambos países: Cuba no apoyaría a los movimientos guerrilleros en México en atención y reciprocidad a sus relaciones de amistad.

México por su parte se convirtió en un un aliado crucial de Cuba ante los embates de Estados Unidos y la persistencia del embargo económico en su contra.

Al contrario, se incrementó la cooperación, la inversión, solidaridad e identificación entre los pueblos, aún en momentos de algidez entre los presidentes mexicanos que tuvieron todos, una fascinación por Fidel.

Eso es lo que marca en este momento la relación de amistad y solidaridad entre ambos países. A lo largo del tiempo se ha convertido en intercambio y solidaridad; hermandad. De manera muy señalada México ha enviado petróleo y sus derivados como grasas y materias primas diversas. De allá se recibe ron, tabaco, azúcar entre muchas otras cosas. El comercio y la migración son fuentes importantes de nuestra relación fraternal.

En la interacción permanente entre ambos países, miles de mexicanos visitan anualmente a la isla convirtiendo al turismo en una de las principales fuentes de ingreso.

De ellos recibimos cooperación en diversas áreas de conocimiento, intercambio de estudiantes en diversas áreas de la salud, humanidades, ingenierías, etc.

Por eso la posición de México siempre debe ser de solidaridad. No va a cambiar y menos hoy que tenemos un gobierno de izquierda.

Cuba pasa tal vez por el momento más crítico desde el triunfo de la Revolución en 1959, inclusive después del período especial a la caída de la Unión Soviética. Falta comida y servicios básicos, no hay luz eléctrica y evidentemente los salarios no son suficientes.

Más allá de las definiciones ideológicas, que siempre son necesarias en el posicionamiento ante estos temas, Cuba debe cambiar. El sistema no resiste más a las presiones y el interés de contar con condiciones de vida que vayan más allá del discurso revolucionario y las narrativas huecas y autoritarias de las burocracias comunistas.

Los innegables logros de la Revolución en materia educativa, salud pública, seguridad, desigualdad y muchos otros seguramente destacables, deben ser compatibles con las necesidades de una sociedad con grandes capacidades, alegre, emprendedora, deseosa de salir al mundo.

No se trata de si se venden chicles o hay prostitución, sino de reconstruir el sistema productivo de la isla con base en esquemas de financiamiento e inversión para incentivar nuevos empleos mejor remunerados.

El sistema de alfabetización y salud pública fueron un gran ejemplo de la revolución cubana para el mundo, particularmente los países de América Latina. Hoy el problema es que esas generaciones no han tenido una ventana de oportunidades ante el mundo y lo ven en la lejanía de las redes, deseando las oportunidades que tienen otros individuos, principalmente jóvenes de su generación en Brasil, Rusia, Canadá o España. En cualquier lugar del mundo.

La apertura a diferentes formas de participación privada en actividades productivas, fue un anuncio que entusiasmó a los propios cubanos y al mundo, pensando en esquemas de emprendimiento que no necesariamente cuestionaran los principios del sistema. No se ha materializado.

Es decir, no se trata de que regrese la Coca Cola, Exxon o Bacardí a gobernar, sino de que se reactive la creatividad y el incentivo para provocar un aumento en la producción en todos los ámbitos.

De alguna forma China lo ha hecho en zonas especiales y ciertamente hay que cuidar que no suceda lo mismo que en las transiciones de los países satélites de la Unión Soviética en Europa donde una pequeña élite de mafiosos, se apoderaron de los países como el caso particular de Rusia.

Hoy ante la amenaza de Trump, en este apetito depredador, insaciable, la posición de México se vuelve más importante y claro: la transición llega de adentro o se le ocurre a la Doctrina Trump hacer una barbaridad para tomar la isla.

Por supuesto que México seguirá vendiendo y donando petróleo a Cuba. Es parte de una convicción solidaria internacional y habrá médicos y universitarios de intercambio, comercio, turismo y ya hay inversión. Los mexicanos seguirán siendo bien recibidos y la música suena con fuerza en ambos lugares como única.

Por eso y muchas cosas más, el actual gobierno de México podría jugar un gran papel en la apertura política y económica de Cuba. Al fin del cuento, somos hermanos.

(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).

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