Ángel Dehesa Christlieb
“Oye, pero, los grupos de whatsapp solo aceptan 1023 personas ¿seguro que quieres usar uno de esos para la lista de distribución de la columna?”
“¿Tú crees que vamos a tener ese problema? Cuando llegue el día en que 1000 personas quieran leerme, nos ocuparemos de eso.”
Así fue, más o menos, la plática que tuve con Alejandra Escudero, mi amiga, colaboradora y community manager, hace poco más de dos años, cuando comencé a escribir y publicar esta columna.
En ese entonces, se llamaba “El Ángel de la Gaceta” porque todavía no confiaba lo suficiente en mis habilidades y quería el cobijo de la sombra de mi papá.
Para desconsuelo de la sufrida Alejandra, quien ya había creado la página, en algún momento le dije que quería hacer un cambio, tomar distancia de mi padre y ponerle a la columna “Se me hizo fácil”.
Así lo hice.
Todavía faltaba el último cambio.
Le puse a la columna “Me lo hago fácil”, porque, en algún momento decidí que, tanto en mi columna como en mi vida, la responsabilidad de hacérmelo fácil o difícil es solo mía y no quiero esperar a que las cosas se hagan fáciles por arte de magia.
Hoy, después de más de 50 años de vida, he decidido aceptar y atesorar esa responsabilidad.
Entiendo, por fin, que el ser yo mismo quien se ocupe de procurar mi felicidad es la mayor bendición que yo, o cualquier persona puede tener.
Hoy, después de todos estos cambios y de muchas columnas, el problema que Alejandra predijo ya llegó y estoy feliz y agradecido por ello.



