Cautivan al público como oyente
y espectador, pero al mismo tiempo
le privan de la distancia de la “madurez”
Jürgen Habermas
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
La reflexión sobre el papel de los medios de comunicación en las sociedades democráticas es muy importante y debe hacerse entre todos, sin distingos. Aunque las universidades juegan un papel fundamental, las audiencias no deben ser ajenas; tienen que participar desde su sitio, exigir calidad, contenidos éticos e información verificada, que sea verdad, porque con eso se forma criterio y, posteriormente, opinión pública. No sirve la pasividad ni permitir que alguien decida por nosotros qué ver, dónde verlo o con quién informarnos.
El gobierno impone agenda y manipula, pero también los medios tienen la suya y responden a intereses propios. No es algo nuevo, es un juego de poder entre unos y otros. Llevamos varios días girando alrededor de un tema que la presidenta puso sobre la mesa: “no vean TV Azteca”, dijo en una de sus mañaneras. Claro que desde la televisora han dedicado horas a defender su libertad para informar y el derecho de la gente a decidir.
El tema no es menor, porque Claudia Sheinbaum hizo ese llamado con todos los recursos que le da la Presidencia de la República; eso amplifica su voz desde la investidura del cargo y la vuelve más poderosa. Por eso se equivoca cuando dice que fue solo una opinión. No estaba en un café con sus amigos discutiendo, era la presidenta haciendo llamados al pueblo, ese mismo que dice respetar en sus libertades.
Todos, absolutamente todos, porque así lo establece la Constitución, tenemos derecho de réplica. Pero desde la llegada de López Obrador en 2018, convirtieron la “mañanera” en un instrumento de propaganda y, más a fondo, en un ejercicio de poder donde se le lava la cara al sometido, se pone en la picota al adversario y hasta se pone en riesgo a quienes los lastiman con críticas.
Con el Pejelagarto vivimos varios momentos muy penosos. Ahora, esos youtuberos defensores del régimen, que no hacen periodismo, reptan pidiendo pautas de publicidad.
Qué decir de los medios de comunicación del Estado, que también forman parte de la batería propagandística. Muchos de sus conductores se pasan el día enviando mensajes en redes; otros, como me dijo uno de ellos, esperan instrucciones para propagar consignas.
Basta echar un vistazo a varias cuentas para notar que los mensajes son prácticamente los mismos. En esos medios han olvidado la cultura, los programas formativos y los INFORMATIVOS, así en mayúsculas, para darle paso a programaciones de bajo nivel, mal gusto y narcotizantes. Por lo menos con los otros había espacios donde cabían todos; hoy no.
El tema fundamental es que desde el poder quieran adueñarse de la verdad, aunque podamos cuestionarnos qué diablos significa eso. No es lo mismo una versión oficial, con sus números y su narrativa, que las audiencias den por cierta sin cuestionarla, a construir una verdad reflexiva, contrastada y que pase la prueba del ácido; entonces sí será más sólida.
Pero no les interesa eso. Les molestan la crítica y el periodismo, por eso van contra los medios. Y aparte está la guerra personal entre Ricardo Salinas y Claudia Sheinbaum; de nuevo, el deudor que pague.
Resulta que desde algunas oficinas gubernamentales ya se anuncia la creación de espacios como “Derecho de Réplica”, la segunda parte de “Quién es quién en las mentiras”, que según explicó Luisa María Alcalde tendrá el objetivo de identificar, contrastar y desmentir noticias falsas difundidas en medios de comunicación y plataformas digitales.
En el papel suena razonable, porque nadie con un poco de inteligencia podría estar a favor de la mentira o la desinformación. Obviamente no. El problema aparece cuando el gobierno pretende convertirse en árbitro absoluto de la verdad.
Una cosa es aclarar información falsa y otra muy distinta usar el aparato del Estado para decidir qué se puede decir, qué incomoda al poder y qué versión debe asumir la sociedad como la correcta. Eso resulta muy riesgoso para la tambaleante democracia… pero mejor ahí la dejamos.
Entre Palabras
A Jesús González Macías lo conocí cuando llegué a trabajar a Punto Crítico; era el jefe de fotografía. Había salido de Ovaciones y Miguel Ángel Rocha se lo llevó a trabajar con él. Un tipo de carácter agrio, pero siempre buena persona, le gustaba platicar.
Crítico; era el jefe de fotografía. Había salido de Ovaciones y Miguel Ángel Rocha se lo llevó a trabajar con él. Un tipo de carácter agrio, pero siempre buena persona, le gustaba platicar.
Por allá de 2009 yo daba clases en una universidad y mi papel como jefe de redacción me permitió llevar a varios muchachos a hacer el servicio social y después a trabajar.
A ellos les tocó que don Chucho, como le decían, les enseñara a tomar fotos; más de uno se llevó un buen coscorrón o un gancho al hígado, era severo con el trabajo cuando la foto no le llenaba el ojo. Luego les decía: “Te espero mañana para que nos vayamos a la Cámara y aprendas”, y así pasó, aprendieron.
El tiempo y la enfermedad no perdonan, se lo llevaron, así son los tragos amargos de la vida, pero más de uno lo tiene presente. Feliz cumpleaños hasta el cielo mí Chucho; ya habrá tiempo para otra charla, con café y tú con un tabaco…
Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.
Hasta la próxima.
(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor)



