Jaime Darío Oseguera
La Agencia Central de Inteligencia que por sus siglas en inglés es conocida como la CIA, es la instancia oficial de inteligencia que tiene el gobierno de Estados Unidos para asuntos de política exterior.
En el ejercicio de defender sus intereses en todo el mundo, la CIA se encarga de espiar, averiguar, perseguir, buscar, encontrar y compilar información sobre individuos, corporaciones y gobiernos de todo el planeta, para armarse el panorama de los problemas que se le presentan a los Estados Unidos en el globo y, eventualmente tomar decisiones políticas, militares o de seguridad en general.
Es la avanzada del intervencionismo, o su mejor emblema.
Bien podemos decir que es un esquema fundamental del juego y el concepto del policía del mundo que han querido jugar durante décadas.
Este enfoque de política exterior ha provocado que la CIA se vea involucrada en los peores momentos de la política mundial y en los episodios más tristes de conflictos internacionales por lo que respecta a golpes de estado, atentados, guerras, guerrillas, magnicidios, secuestros, tráfico de armas, estupefacientes y muchos eventos de naturaleza inconfesable.
Una de las características esenciales de la CIA, como cualquier organismo nacional de un país, es que no tiene poderes extraterritoriales, siendo una agencia del gobierno de los Estados Unidos.
Por respeto a la soberanía no deberían actuar en otros países sin el permiso de los mismos y siempre respetando las directrices que les dicten quienes reciben a sus agentes. Esa es la teoría. La realidad ha sido otra.
Es natural que se diga que no participan en los asuntos internos de otros países, aunque en los hechos, la historia de la agencia está plagada de momentos en los que han actuado directamente en diferentes países, interviniendo de manera grotesca para orientar el rumbo de algunos acontecimientos.
Las agencias espías de inteligencia fueron una característica del mundo bipolar. La guerra fría estuvo marcada por el ajedrez de la información obtenida a escondidas, con marrullerías y con base en la amenaza de que en cualquier momento podría estallar un conflicto que potenciara los problemas de la guerra fría. Otra guerra mundial.
Fue una forma de hacer política comandada principalmente por las dos grandes potencias de la posguerra: Estados Unidos y la Unión Soviética. De hecho en los países comunistas el alcance de las agencias de inteligencia o espías, provocaba terror absoluto entre los ciudadanos. Tenían capacidades para hacer pedazos a cualquier individuo, desaparecerlo, desterrarlo o simplemente desprestigiarlo, lo cual era equiparable con la muerte.
Hoy el huracán de la política en México crece por la intervención de la CIA en las investigaciones sobre la influencia que ha tenido la delincuencia organizada en el país.
En Estados unidos se ha anunciado una coordinación de inteligencia en la que estarán incluidas todas las instancias internas y externas contra la delincuencia y las drogas, para hacer un solo frente poderoso, contra las cadenas de suministro y los vínculos de los cárteles con gobiernos y entidades empresariales. Ojalá funcione; eso pondrá en jaque a las instancias del gobierno que tienen acercamiento formal o informal con la delincuencia organizada.
Toda esta discusión ha revivido después de que se filtró a la prensa de ambos países que la CIA ha estado interviniendo en operativos para el combate a la delincuencia en México. Particularmente en el caso de Rocha Moya, dicen tener información suficiente para hacer temblar las estructuras del gobierno de Sinaloa.
Se ha mencionado también que la CIA participó en un operativo, que ellos mismos dirigieron, en el que murió un mexicano presuntamente miembro de un cartel y que ellos, sin el permiso que requieren, estarían actuando en coordinación con diferentes corporaciones o de plano, actuando por su cuenta.
También se ha acreditado que en el operativo de Chihuahua en el que se desmantelaron laboratorios y decomisaron grandes cantidades de droga, estarían involucrados y habrían muerto agentes de la CIA.
Las películas policiacas y de suspenso no ayudan, pero la realidad resulta más poderosa que la ficción. Este parece ser el caso. Y no porque la CIA tenga intervención reciente en México, sino porque al hacerla pública, al filtrar su presencia invisible pero indubitable, están mandando un mensaje de los dos lados de la frontera.
Por un lado, en México, parece ser amenazante la sensación incertidumbre de que tienen información con consecuencias e implicaciones políticas delicadas. Las acusaciones hablan de un desafío abierto. No porque antes no hubiera información, ya dijimos que ellos han estado en México siempre. El problema es justamente que las quieran hacer públicas.
En Estados Unidos la implicación es electoral. A los votantes que no simpatizan con el gobierno y esperan resultados de la naturaleza que sea les va bien tener un alter, el enemigo perfecto que es el vecino del sur, de donde pretendidamente proviene el fentanilo, la corrupción y la delincuencia. En esta versión los malos no son ellos.
Es obvio que en una cadena de sucesos delictivos no hay posibilidades de éxito sin participación en ambos lados de la frontera.
Funcionarios de Estados Unidos han dicho que es sólo el principio de lo que está por venir. Estas que no son amenazas veladas, sino directamente orientadas a cierto sector de la clase política del país.
A mediados de los ochenta Manuel Buen Día escribió el libro “La CIA en México” donde se describen las operaciones que realizan desde ya hace más de cuarenta años y lanza un petardo: la mayor base de operaciones de la CIA en el mundo está en México.
Lo dijo alguien que estaba sin duda vinculado con el tema. Hoy lo reviven ellos mismos. Es un asunto delicado, porque hoy quien domina la información tiene más poder del deseable; y no siempre se usa bien, para resolver los problemas.



