El Mundial y la seguridad

Jaime Darío Oseguera

El ataque suicida de esta semana en Teotihuacán, el centro ceremonial más importante de México, ícono de nuestra civilización precolombina y orgullo de las culturas de todo el continente, ha puesto en alarma a los organizadores de la Copa Mundial de Futbol que está por iniciar en unos cuantos días.

No había un antecedente de atentados en las zonas arqueológicas de nuestro país. Por lo menos con ese alcance en el que murió por desgracia una turista canadiense y que fue transmitido en vivo en redes por virtud de la manera en que hoy compartimos nuestra vida cotidiana; lo vieron miles de personas al momento preciso en que un tipo desequilibrado sometía a los visitantes de las pirámides, le quitó la vida a una turista y luego aparentemente se suicidó.

Vivimos la cotidianeidad de la bala. Conocemos nuestra geografía y las particularidades culturales de nuestros pueblos a través de la tragedia.

Nadie en su sano juicio podría culpar al gobierno de estos hechos lamentables, producto de mentes desequilibradas. Lo cierto es que ponen el acento en la cultura de la violencia con la que se ha conocido a nuestro país en el exterior y veremos si esto no afecta la llegada de visitantes.

La Copa Mundial de futbol de este año se va a celebrar en México, Estados Unidos y Canadá. Por primera vez en tres países con diferentes sedes, lo cual es producto de la máquina empresarial en que se ha convertido la Federación Internacional de Futbol (FIFA).

Por primera vez serán 48 equipos los que participen en lugar de 32 como se ha hecho en las últimas ediciones. Se incrementa la capacidad y alcance comercial del torneo en la medida que más países estén interesados en su desarrollo. La gente lo ve en todo el mundo, se involucra, consume lo que le anuncian.

La televisión se regocija con la fortuna que va a ganar en 104 partidos a lo largo de 39 días dando inicio en la Ciudad de México y terminando en Estados Unidos. Serán 16 ciudades en los tres países y en México estarán en la CDMX, Guadalajara y Monterrey.

Es el negocio jugoso y se espera que se rompan los récords de asistencia directa a los partidos, los de audiencia televisiva y participación a través de diferentes tipos de plataformas y redes globales. El éxito económico está absolutamente asegurado para los dueños de la pelota.

Lograr la sede de un mundial es una hazaña y, aunque no hay pruebas específicas, se tienen indicios de que forma parte de una red de relaciones de corrupción y complicidad que generan miles de millones de dólares para los organizadores, los dueños del futbol en cada país, agrupados en la gran mafia internacional.

El deporte puede ser democrático en su práctica callejera, llanera o en el espíritu de los jugadores que se apasionan y entregan su vida por esa militancia deportiva. Pero al nivel del pantalón largo, en lo que representan los directivos, ese amor colectivo por el balón, se convierte en muchos miles de millones de dólares repartidos en un primer momento entre los directivos internacionales y, como consecuencia entre quienes patrocinan y acaparan los derechos del evento.

Así encontramos que en realidad será privativo para una familia de ingresos medios en el país, poder asistir al estadio a un partido. Entonces cuál es el atractivo. Se volvió un deporte de ricos. Será la televisión la que se encargue de mantener a los seguidores propensos al consumo y admirando a chicos que ganan cifras extravagantes, por pegarle bien a una pelota.

El punto es que cuando un país empuja por obtener la sede, lo hace en teoría buscando promover la visita de turistas. La televisión muestra también las particularidades de los países sedes y se encuentra acreditado a suficiencia que terminan siendo destino posterior de una buena oleada de visitantes.

Y en todo caso el trágico evento de Teotihuacán, junto con lo que se ha proyectado de nuestro país al exterior a la muerte de capos del crimen o las cifras de algunos delitos, podrían echar abajo esta posible visita de miles de turistas al país, no solo a las sedes de los partidos, sino a las ciudades que se encuentran en el paso y que son sumamente atractivas como la propia Morelia.

De las cosas menos importantes de la vida, la más importante es el futbol, dijo César Luis Menotti el gran técnico argentino campeón del mundo. El mundial es el espectáculo más visto en televisión por lo que estaremos en la mira del globo completo.

Ahí viene otro problema. En las negociaciones por lograr la sede, los países prometen y establecen acuerdos para mejorar la infraestructura, los medios de transporte y en general mejoras para atender el torneo y a los visitantes. Al parecer en ninguna de las tres sedes, CDMX, Guadalajara y Monterrey estarán cumpliendo con lo pactado en materia de mejoras urbanas: calles, trenes, carreteras, aeropuertos, etc.

Para los tres países será importante cumplir pero en el caso de México está el ingrediente adicional de la inseguridad. Si proyectamos un México con niveles de respeto y seguridad, con buenas condiciones de infraestructura urbana, seguramente será un relanzamiento del turismo a un nivel no sospechado.

Este país se constituye en gran medida culturalmente por el amor al futbol y será un acontecimiento, pero habrá que observar justamente que este tipo de crímenes como el de Teotihuacán, no sean el espejo negativo que afecte la llegada de visitantes a nuestro país.

Pan y circo. Futbol y televisión. Ojalá y como consecuencia de la Copa Mundial más jóvenes se integren a equipos de futbol y se aumente sustantivamente la cultura del deporte. El asunto es alejar a los jóvenes de aquellos lugares donde lejos de crecer como personas, se perpetúan cadenas del delito en las que caen atrapados irremediablemente.

Ese si sería un gran éxito de traer a México por tercera vez en la historia la sede de la Copa Mundial.

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