Guerra y economía

Jaime Darío Oseguera

La guerra es un proceso atroz con inevitables consecuencias económicas. A pesar de que la idea general de “progreso” se ha planteado históricamente en términos de paz, el conflicto siempre es un elemento en la ecuación del desarrollo de la civilización.

La guerra entre Estados Unidos e Irán, nos plantea el problema de las secuelas económicas para un mundo globalizado. Tal vez parezca como un juego regional, pero las decisiones militares en Medio Oriente, van a tener impacto profundo en el desarrollo del mundo en la próxima década.

Aunque formalmente el Congreso de los Estados Unidos no haya autorizado una “guerra”, en los hechos, las acciones bélicas de Trump tendrán consecuencias que aún no alcanzamos a imaginar.

El primer elemento tiene que ver con el precio del petróleo.

El estrecho de Ormuz es un espacio geográfico privilegiado porque a través de sus aguas se accede a la masa continental asiática y, como consecuencia, al comercio con una vasta región del mundo.

Desde la antigüedad fue el punto de referencia para el comercio de Asia con el resto del globo, particularmente Europa. El Golfo Pérsico y sus riquezas solamente tienen salida marina a través de Ormuz.

En este momento Irán está impidiendo el libre tránsito de barcos por la zona. Han mantenido la amenaza de bombardearlos, y lo van a cumplir.

En la actualidad se ha vuelto particularmente importante el estrecho de Ormuz por el acceso de los buques que transportan petróleo a diferentes lugares del mundo. Es un lugar estratégico en la composición geopolítica en la actualidad y se ha convertido en el escenario de la disputa en la guerra entre Irán y los Estados Unidos.

En esa zona se produce el 20 por ciento y se comercializa una tercera parte de todo el petróleo en el mundo. En los primeros días de la guerra, Irán declaró que el estrecho de Ormuz se cerraba y hoy parte de la discusión sobre la tregua de hostilidades es justamente la posibilidad de que Irán permita el tránsito de barcos a través de Ormuz.

Geográficamente es el escenario de los dos lados del conflicto. De una parte, están los aliados de Estados Unidos, los Emiratos Árabes Unidos, quienes sin duda alguna son los más perjudicados con el conflicto.

La guerra es economía. En los Emiratos Árabes Unidos se encuentran algunas de las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo, particularmente en Dubai y Abu Dhabi. Sin embargo, los Emires, tiranos y dueños de todo en esa zona árabe, saben que deben diversificarse y lo han hecho apostándole a las inversiones extranjeras y principalmente al turismo.

Hoy la inversión extranjera, el turismo y el comercio en general están detenidos en toda la región.

Del otro lado del estrecho está Irán, una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad, los persas, a quienes Trump ha amenazado con “desaparecerlos”. Lo cierto es que el alcance militar de Irán es muy superior al de cualquiera de sus vecinos y su gobierno, de los Ayatolah, sabe que controlar Omuz e impedir el libre tránsito de embarcaciones, tarde o temprano pondrá al mundo en jaque. Es su carta de negociación.

El aumento de los precios del petróleo tiene un efecto en la inflación en el mundo. Es un asunto inmediato, que pronto va a afectar a Estados Unidos y tendrá que poner a Trump a reconsiderar el alcance de sus acciones militares.

Una buena parte de la industria mundial sigue dependiendo del petróleo y sus derivados. La embestida contra Irán se va a centrar en sus fuentes primarias de producción de petróleo y el efecto inmediato es el aumento en el precio a nivel mundial. Ya ha sucedido en los días recientes.

Otro botón de muestra es el combustible de los aviones, que ha aumentado más del 25% en promedio. Esto afecta toda la cadena de suministros, el turismo y la comercialización de productos en general. Las empresas navieras y de aviación que usan petróleo o sus derivados trasladan el costo de sus incrementos al consumidor.

Todas las empresas de logística, desde las grandes navieras, hasta las que envían paquetes a las casas, van a ver afectados sus costos y se van a trasladar al consumidor final.

La consecuencia es una crisis energética porque finalmente los países productores se vuelven cautelosos en la manera como venden sus productos, no sólo el petróleo sino también el gas y todos sus derivados que siguen siendo el principal insumo de casi todas las industrias en el mundo.

Cuando aumenta el consto de los insumos, lo hace también el producto final. El incremento generalizado de los precios en miles de productos va a provocar inflación, afectando la capacidad de consumo y la producción.

No es posible calcular el costo que ha tenido y tendrá para los países involucrados la destrucción de su infraestructura. Lo cierto es que tardarán décadas en reconstruirse.

En el mundo globalizado, las empresas que producen en las principales ramas de la actividad económica siguen dependiendo de los hidrocarburos.

Disminuye el flujo de comercio internacional que es el motor de la economía global. Dependerá del tiempo que dure la embestida militar de Estados Unidos pero el panorama es confuso y desalentador si Trump se obstina en derrocar al régimen Iraní y éste resiste.

La economía global se mueve en gran parte en torno a la especulación. Eso significa que cuando hay incertidumbre, los grandes capitales se refugian en formas seguras de rendimiento como por ejemplo el dólar. Por eso se ha visto fortalecido. Este efecto sin embargo trae la consecuencia de menores inversiones productivas, hasta en tanto no se sepa cual es el destino de la confrontación.

Nadie quiere invertir a nivel global si va a haber una guerra prolongada o si no hay seguridad en el precio de los principales insumos.

Gana la industria del petróleo y la de las armas en general. Tal vez por eso el Presidente de los Estados Unidos está tan feliz. Seguramente es donde tiene sus principales inversiones. Al final parece que para algunos solamente son negocios.

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