Jaime Darío Oseguera
Google define a los Therians como “personas que sienten una conexión profunda, espiritual o psicológica con un animal no humano, identificándose con él, su “theriotipo” sin creer físicamente que son animales. Es un fenómeno viral en redes sociales entre adolescentes, caracterizado por la cuadrupedia, el uso de máscaras y la búsqueda de identidad/pertenencia”.
Se trata principalmente de jóvenes quienes brincan y saltan en el espacio público como los animales con quienes se identifican. Se disfrazan y tienen sus rituales que comúnmente se distribuyen a través de las redes sociales como la necesidad de llamar la atención.
Comen en trastes diferentes, se comportan de manera distinta a lo esperado. No estamos ante un fenómeno religioso. Se ha analizado como el rechazo a los roles establecidos y se identifican entre sí, lo cual en el fondo exhibe la necesidad de sentido de pertenencia y la falta de cohesión de la comunidad.
Es una manifestación que ha crecido con fuerza en redes sociales y que muestra una variedad de situaciones socioculturales a los que debemos poner atención de manera inmediata.
Muchos Therians se identifican con mamíferos, perros o zorros como una forma de adoptar cierto tipo de espiritualidad y vinculación con formas no humanas. Se enmascaran y practican rituales que asemejan a representaciones teatrales o deportivas en las que realizan movimientos que imitan a los animales tratando de mimetizarse.
Su inicio se ubica en los noventa en Estados Unidos, es un asunto que ha crecido exponencialmente entre grupos de jóvenes ahora en México.
Los especialistas dicen que se relaciona con el problema de la búsqueda de identidad. Se abre a través de este conjunto de expresiones el debate sobre la identidad, pero también sobre la autoexpresión y sus límites, ¿Hasta dónde puede llegar un individuo para desarrollar la identidad a la que tiene derecho?
Seguramente puede ubicarse como un rechazo a la autoridad tradicional: padres, gobierno, escuela, etc.
Generalmente se ha asociado desde la psicología como una forma de autodescubrimiento y autoafirmación. No se trata de menospreciarlo o criticarlo; simplemente hay que observarlo como producto de la falta de atención a jóvenes en su rechazo a las formas políticas, educativas, culturales y sociales tradicionales.
Bien puede ser consecuencia de la frustración ante la falta de alternativas económicas, políticas, culturales y familiares. Si bien es cierto que no se trata de un fenómeno tan amplio, si se suma a las expresiones que adoptan estilos violentos de vida, modas criminales, deserción escolar, homicidios entre jóvenes y otros fenómenos que cuyas vinculaciones deberíamos estudiar.
También se ha presentado en el debate público como una forma de aceptación de la diversidad, consustancial a las sociedades modernas donde la pluralidad de pensamiento es el signo de los tiempos. No hay más un monolito en materia de pensamiento político, religioso, de género o cultural en general. Hay diversidad y se expresa cotidianamente en todas las dimensiones de la vida: la música, poesía, religión, gastronomía, política por supuesto.
Jóvenes e identidad debería ser una de las principales columnas en la elaboración de las políticas públicas. Es un eje que cruza de manera transversal todas las dimensiones de la actividad gubernamental.
Lo que está pasando con los jóvenes y sus identidades múltiples en el sistema educativo es cuestión de estudio y debería darse una mayor importancia.
El atentado perpetrado por un joven michoacano hace unos días en una preparatoria de Lázaro Cárdenas, en el que asesinó a dos de sus maestras y puso en riesgo la vida de decenas de compañeros, no debería pasar desapercibido. Forma parte de una cadena de eslabones que parecen aislados pero que al final redundan en la necesidad de tener criterios de políticas públicas en el caso de los jóvenes.
Cuando hablamos de identidades, en plural, es por la expresión de que hay muchas y muy distintas formas de ser joven. Los Therians son una de esas múltiples formas de expresión frecuentemente estigmatizadas e incomprendidas.
No se trata que desde el gobierno se “creen” identidades a manera de roles que asuman los jóvenes y literalmente las consuman como parte del consumo que hacemos cotidianamente de lo que hay en medios, redes y hasta programas. Se trata de generar alternativas colectivas culturales, productivas, que satisfagan el ímpetu de jóvenes y adolescentes por participar en el desarrollo comunitario.
Más que un trastorno psicológico, de lo que hablan los especialistas es de una búsqueda de pertenencia por parte de los jóvenes Therians.
Aunque hasta ahora es más visible, no se trata de un fenómeno nuevo y ciertamente se ha potenciado con el gran auge de las redes sociales. El término proviene del griego “therion” que significa bestia o animal salvaje” y desde la antigüedad ha sido un a forma lúdica de presentar el vínculo con la vida animal y también un mecanismo de analogías, fábulas, mitos o leyendas que constituyen las identidades colectivas de los pueblos a través de la historia.
En “El Miedo a la Libertad”, Erich Fromm dice que los individuos como las comunidades en sus fases tempranas, dependen de sus vínculos primarios de los que no se pueden desprender fácilmente. Así es como los padres y el entorno familiar son el lazo sin el cual no se pueden desarrollar los individuos. En el caso de las sociedades primitivas, se presenta a través de las religiones originarias que facilitan certeza y comprensión sobre los fenómenos más básicos.
La emancipación de estos entornos primarios, seguros, genera incertidumbre, soledad y orfandad. Ese puede ser el origen de estos fenómenos: el aislamiento.
Nada tiene de malo lograr una conexión profunda con un animal no humano. Lo terrible es que se trate de expresiones producto de la indiferencia, el abandono o la falta de comprensión que tenemos hacia lo que hacen los jóvenes. Esa parece ser la explicación más contundente.



