Ángel Dehesa Christlieb
Entre el eclipse, la alineación planetaria, la desalineación de MORENA y sus aliados en cuanto a la reforma electoral y la definitiva descompensación de las ya comprometidas neuronas del presidente vecino, yo me siento como el oso de las caricaturas, ese que quería robarse los huevos del gallinero y nomás salía corriendo para todos lados cada vez que se llevaba un puñetazo en el hocico.
Y apenas es el quinto día.
Cuando llegan estos días, donde me siento agotado y levantar los dedos se vuelve un trabajo agotador, me pongo a pensar (por eso no soy senador), en todas las cosas que tengo que agradecer, que son muchas, entre ellas el hecho de que todos ustedes me lean cada día.
Hay quien me felicita por mi “análisis crítico” y mi “acertada opinión” acerca de los acontecimientos nacionales y mundiales, incluso quienes comienzan a llamarme “líder de opinión” y me piden que escriba acerca de algún tema, que yo “que soy tan valiente” denuncie esto o aquello.
Me siento muy halagado, pero de una vez les digo que yo estoy tan o más perdido que la mayoría de los que habitamos este turbulento planeta en estos tiempos que son, por decir lo menos, interesantes, y, por decir lo más, gachos.
Cualquiera que les diga que tiene muy claro lo que está pasando o que posee total certidumbre acerca del rumbo de su vida y del rumbo que el mundo lleva, o es un político, de esos que nomás alzan la mano, se dan bonos por levantarse la mañana y están felices creando caos, o, si no pertenecen a este grupo, se hacen los que saben para no admitir que están más asustados que los hoteleros de la CDMX cuando les llegaron las cancelaciones de la FIFA.
Yo, que no soy ni uno ni otro, les confieso, sin pudor ninguno, que hay días, como hoy, en los cuales siento un cansancio mental y emocional comparable al que debe padecer el que tuvo que corregirle, una y otra vez, el power point de la iniciativa de reforma electoral a Claudia Sheinbaum.
Acomodar las exigencias del Verde o del PT no es fácil, porque, al parecer, estos dos prístinos institutos políticos no están convencidos de las bondades de la “transformación” y, sorpresa, sorpresa, no están dispuestos a perder su financiamiento, ni sus oportunidades para agarrar huesos de derecha a izquierda o viceversa, según brinque el chapulín.
¿En quién podemos confiar ahora que Manuel Velasco, Noroña y Reginaldo Sandoval Flores resultaron no ser tan patriotas como decían y no se adhieren a los “principios” de la presidenta?
Ya hablaremos de eso, porque la telenovela de la reforma apenas comienza y, por lo que se ve, pinta para ser un drama de épicas proporciones, en el que habrá jaloneos, encendidos discursos y, al final, todos sacarán agua para su molino, todos dirán que “ganó la democracia y logramos la concertación” y adivinen quién paga el agua, el molino y la concertación, como ya pagamos todas las ocurrencias de quienes nos gobiernan.
Como dijo el capitán que compró un submarino usado: vamos resumiendo.
Me gusta mucho que me lean, disfruto que haya quien esté de acuerdo conmigo y también quien discrepe, siempre con respeto y sin invocar al fantasma de Germancito que, según ellos, “se revuelca en su tumba al ver en lo que me he convertido”.
A unos y a otros, yo les pediría, de la manera más atenta, que no me sigan porque yo no sé muy bien a dónde voy y, si tienen algo que quieren denunciar, levantemos todos la voz porque a todos nos toca.
Los líderes mesiánicos y nuestra propensión a aventarles la responsabilidad de nuestro bienestar nos han llevado hasta aquí.
Vamos a ver qué pasa si lo hacemos de otra forma
¿Cómo ven?
(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).



