SINOPSIS POLÍTICA/Gobierno del desastre y las mentiras, en Zitácuaro

J. Salatiel Arroyo Zamora

Sin duda alguna, la anterior y la presente administración municipal (ambas presididas por Juan Antonio Ixtláhuac Orihuela), representan los peores gobiernos de los que se tenga memoria en la historia reciente de Zitácuaro.

Y, lejos de que el mandatario aludido se atreva a reflexionar, revisar la posibilidad de estar en el error, pararse en responsabilidad, asumiendo las consecuencias de sus decisiones, acciones y omisiones, e intentar rectificar, se hunde más en la maraña de mentiras, simulaciones y engaños, que ya pocos le creen, pero se ridiculiza ante todos, convirtiéndose en la mofa de propios y extraños, en la ruina del municipio y desgracia que enluta hogares.

Zitácuaro se encuentra hundido en una crisis financiera sin precedente, con deudas que se perciben impagables; sin obras de relevancia, de impacto social (viéndose en la necesidad -por vanidad- de atribuirse construcciones y edificaciones gestionadas y realizadas con recursos federales (como la “autopista” Maravatío-Zitácuaro) e inversiones privadas, como la planta de Arauco.

Mientras que la anarquía resulta evidente en la mayoría de las áreas de la administración pública municipal, que se demuestra con un creciente desorden en el comercio informal, que sigue extendiéndose en calles, banquetas, plaza cívica, jardín Constitución y todo espacio público que resulte factible de invadirse. Mientras el alcalde se concentra en su devoción preferida: la costosa adquisición (inmerecida) de reconocimientos, obtenidos con dinero de los zitacuarenses.

El pueblo “bueno y sabio” de este municipio, además de costear una ineficiente y nada transparente administración, padece la incertidumbre diaria de la inseguridad y violencia que, con Antonio Ixtláhuac, ha costado la vida de personas inocentes, incluidos niños, adolescentes, estudiantes, jóvenes trabajadores, hombres ajenos a las actividades delictivas, y un periodista (Armado Linares López) cuyo asesinato continúa impune.

Y como nada, ni nadie, ha frenado la frivolidad, prepotencia, incompetencia y complicidades, ahora los abusos han arrebatado la vida de una joven madre de familia, a manos de un elemento de tránsito y vialidad al servicio del municipio. Lo que, para justificar la agresión y “deslindar” culpas, el munícipe vuelve a mentir de manera flagrante (y vulgar) … que la mentira de por sí es propia de personas ramplonas.

En conferencia de prensa Antonio Ixtláhuac manifestó que el ayuntamiento que preside había apoyado con los gastos funerarios a la familia de la joven caída por las balas del gobierno municipal. Pero el padre de la victimas salió a desmentir, afirmando que se trata de una patraña más del alcalde, otra falsedad, un engañoso distractor, en lo que se inventa otra argucia para cansar a los familiares de la víctima, en tanto crea cortinas de humo para distraer al “pueblo” y olvide.

Cómo se ha vuelto común en el presente régimen, las negligentes autoridades se asumen víctimas de las tragedias que otros padecen por su irresponsabilidad, complicidad e indolencia, como el caso del alcalde Juan Antonio Ixtláhuac, que se lamentó porque se pretende “politizar” el asesinato de Ángeles Esquivel, ejecutada por un elemento de tránsito. Resultando inexplicable como es que dicho individuo seguía laborando en la citada corporación, luego de diversas quejas ciudadanas en su contra y como es que certificaba los exámenes de “control y confianza” de la SSP del gobierno del Estado.

Ante dichas evidencias, como en otras tragedias que han enlutado al municipio, surgen las interrogantes: ¿Quién es culpable? ¿La indignada población que paga sus impuestos para que se le devuelvan en seguridad, bienestar, eficiencia y transparencia? O ¿El gobierno farsante e inepto, que tolera la arbitrariedad y protege a funcionarios infractores?

Ante las indiscutibles muestras de incumplimiento de la “autoridad”, es común que su estrategia se reduzca en tratar de “normalizar” la corrupción, intentar hacer creer a la sociedad que los gobernantes actuales tienen derecho a ser ineptos y corruptos, porque los del pasado también lo eran. El guion ya lo conocimos, después seguirá culpar a otros y criminalizar a las víctimas.

Porque, además de memoria corta, gran parte de la población es egoísta, antepone su interés personal al colectivo, rara vez se solidariza y apoya al vecino en apuros, pero cuando a él o ella le toca, quisiera que todos se sumaran en su respaldo. Asimismo, muchos ciudadanos se involucran en política para andar de seguidores y defensores de aspirantes, candidatos y funcionarios, con el único propósito de ser incluidos en la nómina del gobierno o seguir succionando recursos públicos.

Lo que no es del todo negativo, pues se trata de una aspiración legítima; lo repugnante, es que sometan la dignidad, que anden de lambiscones y defendiendo a los vividores de nuestro esfuerzo, nada más por permanecer o recibir migajas, que cierren los ojos a la cruel realidad que la mayoría padece y todavía insulten a los perjudicados; y justifiquen la incapacidad acusando a los gobiernos del pasado, aunque sean los mismos monigotes del presente.

El mismo Antonio Ixtláhuac es ejemplo fiel de lo afirmado, ha sido presidente municipal de todos los partidos políticos y cada vez ejerce con más oprobio el mandato. Encontrándose entre los sujetos acaudalados que no podría explicar de manera convincente el origen de su fortuna patrimonial, pues jamás ha realizado actividad productiva alguna, siempre se ha dedicado a vivir del servicio público. Lo mismo que ciertos “consejeros”, facilitadores o prestanombres, que han acumulada bienes con el dinero de los zitacuarenses.

Y cuando se les descubre, arremeten contra sus acusadores con un descaro insólito, acudiendo incluso a la estación de radio a intimidar a los “delatores”, sin sonrojo alguno. Mientras que los “transformadores” que facilitaron que llegaran al poder guardan silencio, felices de recibir promesas vacías, mentiras, migajas, favores u oportunidad para tener a la amante, socio y aliados dentro de lo que creen es la estructura de mando.

Esos también son los aplaudidores y defensores de la inmundicia de siempre, no importa el partido que esté gobernando, ellos y ellas siguen ahí, fieles a los privilegios personales, donde la dignidad resulta estorbosa, y donde nada cambia, sólo las siglas del partido.

Todavía se atreven a intentar infamar a los críticos y criticones, acusándolos de “derechistas”… ya me los imagino en Lamborghini, de perdida en Suburban blindada, dueños de fábricas (aunque sea de chocolate), con mansiones en Texas, departamentos de lujo en Inglaterra, Francia, casas de descanso en zonas de reserva (de más de 10 millones de pesos), ranchos ganaderos y agrícolas tecnificados… pero no, no son la élite dominante, ni acaudalados capitalistas; se trata más bien de personas que pertenecían a la clase media y luchan por mantenerse ahí, de profesionistas, obreros, campesinos, comerciantes, prestadores de servicios y hasta desempleados, nada que ver con la derecha, a la que han “ascendido” los que se supone la odian.

Para los de la 4T, nadie debe ser poseedor ya de espíritu crítico, actitud escudriñadora, ni conciencia libertaría, porque será acusado de “politizar” las desgracias (que la ineptitud y corrupción provocan) y se le imputará ser “carroñero”. Además de traidor a la patria, prianista, derechsita…

En lugar de auto proclamarse víctimas, o pregonar bravuconadas, alucinando que se trata de “asuntos personales” los justos reclamos de la sociedad, deben entender y aceptar que su condición (por voluntad propia), es la de servidor público, del vulgo “chacha del pueblo”, que administran bienes ajenos, dinero de los zitacuarenses, que debe ser celosamente fiscalizado -si no les gusta esa posición, siempre tendrán la opción de dimitir al cargo-. Pero no, prefieren seguir siendo parásitos mantenidos, e insaciables, además.

SIN RESULTADOS, EL “PLAN MICHOACÁN POR LA PAZ y LA JUSTICIA”
Hace un mes, cuando se puso en marcha el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, se pronosticó que dicha “estrategia” del gobierno federal estaba destinada al fracaso, por tratarse de una simulación más.

Fingiendo preocupación por los estragos que causa la violencia generada por los grupos del crimen organizado y la presión social frente al asesinato de Carlos Manzo. Pero dicho Plan, es solo eso: aparentar y engañar. Resultando obvio que no existe voluntad (ni existirá) para recuperar la paz, mucho menos para alcanzar la justicia, al menos no para el ciudadano de a pie. Los demás, sí que la están disfrutando.

El gobierno jamás se atreverá a desmantelar, combatir, ni destruir a la empresa que más dinero les proporciona, mayor control territorial y sometimiento popular, a través del terror que imponen, a través de la coerción de poblaciones, incluso gobiernos, por medio de la violencia y la muerte, destruyendo la paz, menoscabando la justicia y ultrajando la dignidad humana.

Ya llevan un mes los operativos del Plan y ningún capo de consideración ha sido detenido, ni siquiera de esos que son reemplazables. Sólo por accidente han aprehendido algunos considerados (por los hampones) como “tecatos”: adictos con trastornos mentales, que resultan incontrolables para sus células.

Pero las ejecuciones siguen, de hombres, mujeres, adolescentes y niños, nadie las para, ni les interesa hacerlo. En el municipio de Zamora, en el transcurso de la semana, tres mujeres jóvenes fueron asesinadas en un mismo acto. Llegándose al extremo de realizar lo que nos hacía falta: la explosión de un carro bomba, siendo esta la técnica más usada por los grupos terroristas, con un saldo oficial, al día de hoy (sábado), de siente muertos y alrededor de 10 heridos.

Pero, para el gobierno federal ese tipo de atentados no son “terroristas”, si no enfrentamientos entre grupos del crimen organizado. Y se entiende la preocupación por disfrazar ese tipo crímenes, frente a la presión del gobierno de EU, que trae del “rabo” al aliado “ideológico” de la 4T, Nicolás Maduro (presidente de Venezuela), acusado de narcotraficante. En una de esas no le vayan aplicar la misma medida a los lideres de nuestra patria.

Pero nuestros gobernantes, en lugar de mentir, deberían de actuar, deslindarse de culpas con hechos: aprehendiendo a los cabecillas, luego de asegurar los bienes a favor del país. Están a tiempo, aún. Y ya encarrerados, de paso devolver la paz y seguridad a los mexicanos de bien… que, ya no se sabe, si son o no mayoría.

(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).

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