J. Salatiel Arroyo Zamora
El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), es un partido político tan posicionado en el ánimo popular (gracias al descomunal reparto de recursos públicos con ese objetivo), que sus cuadros políticos, dirigentes y gobernantes puede darse ciertas licencias arbitrarias y la preferencia por dicho partido en las urnas no padecerá alteración alguna, la población seguirá votando por la marca.
Obviamente, gracias a los “beneficios” recibidos. Aunque los perjuicios sean desastrosos y mortales. Máxime que no existe oposición externa real, fuerte y sólida, pura simulación, meretricio y subordinación.
La pugna por los espacios de poder, más bien es interna, entre los diversos grupos de interés, que se involucran en política buscando el control del poder público en beneficio propio. Y, desafortunadamente, no existe individuo, ni organización ciudadana capaz de frenar o contener los excesos.
Esa división al interior de Morena se ratificó recientemente con la confrontación verbal entre el mandatario estatal Alfredo Ramírez Bedolla y el ex gobernador, hoy diputado federal Moronista (de Raúl Morón), Leonel Godoy Rangel, quienes polemizan respecto a la posibilidad de que la futura candidata de Morena sea mujer, el gobernador acuñando la frase de que “es tiempo de mujeres”, porque sus proyectos personales y de equipo son representados por damas. En tanto, Godoy Rangel descalifica dicha postura del Ramírez Bedolla, afirmando se trata de “pura demagogia”, porque su candidato personal es un varón.
Independientemente de si los actuales son o no “tiempos de mujeres”, o se trata de posturas demagógicas para impulsar desde el poder y con recursos ajenos proyectos políticos personales. Lo realmente infausto de ambos “representantes populares”, es distraerse en frivolidades, entregarse en la búsqueda de satisfacer caprichos personales y seguir obteniendo beneficios particulares.
La prioridad para ellos es mantenerse en el poder (sangrando las arcas públicas y el trabajo de los contribuyentes), a través de los favores que están haciendo a sus respectivos aspirantes. Al diputado federal y al gobernador poco o nada les importa tener al estado de Michoacán hundido cada vez más en la anarquía, y a la población sometida a la sobre explotación, terror y muerte. Tampoco interesa a la militancia, ni dirigencias del partido en el poder, que con ahínco defienden las erráticas políticas públicas y sin objeción se someten a la voluntad de sus dirigentes y gobernantes.
Pronto olvidan que, durante los últimos tres años seis presidentes municipales de Michoacán han sido asesinados, algunos incluso integrantes del partido en el poder, y todos los casos permanecen impunes.
Pretenden no darse cuenta de la millonaria recaudación que realiza el crimen organizado a través de la extorsión, demostrando mayor eficacia que el propio Sistema de Administración Tributaria. Luego entonces, están recabando más recursos que la misma Secretaría de Hacienda, y creciendo su fortaleza financiera y capacidad de fuego más que la del propio gobierno.
Se han filtrado datos que establecen que, nada más por el concepto de extorsión a los citricultores del Valle de Apatzingán (Michoacán), el crimen organizado recauda al año 3 mil 600 millones de pesos. Cifra independiente a lo que “pagan” los agricultores de aguacate, berries, comerciantes, prestadores de servicios y gobiernos municipales…
Pero nuestros “lideres” políticos y gobernantes están más preocupados y entregados en imponer a los próximos candidatos, que en el auténtico “Bienestar” de los michoacanos. Eso sí es demagogia, cuando lo dicen ellos.
Trasladando ese “debate” entre el ex gobernador Leonel Godoy y el mandatario Alfredo Ramírez al terreno partidista y electoral, evidencia una fractura que parece irreconciliable, entre las huestes de la 4T, que la “oposición” no está aprovechando, en caso de que realmente existiera y no fuese únicamente simulada y subordinada al capital financiero de los grupos en el poder.
Esa pugna también exhibe que la verdadera competencia estará entre los grupos de interés que prevalecen al interior de Morena en Michoacán. De ahí saldrá el candidato o candidata a la gubernatura con más probabilidades de éxito, porque -insisto- el electorado votará por la marca y los favores económicos que está recibiendo “gracias” a Andrés Manuel López Obrador, no por los contribuyentes que aportan el dinero.
Por eso el gobierno y su partido pueden tomarse las licencias que quieran y hacer lo que se les antoje con el poder que les ha sido confiado por “el pueblo bueno y sabio”, sabedores que tienen la clientela electoral cautiva necesaria para ganar elecciones, gracias a los programas sociales, a la operación electoral de los Servidores de la Nación y al silencio de todos, especialmente de los militantes legítimos, que disponen de la calidad moral para hacerlo, por ser los principales constructores del poder que les ha otorgado y porque, antes creían que guardar silencio ante las injusticias era una forma de empezar a morir. Pero hoy las cometen, o aplauden.
¿QUIÉN SERÁ EL CANDIDATO DE MORENA AL GOBIERNO DEL ESTADO?
Precisamente la disputa entre el gobernador y el diputado federal es por crear condiciones para imponer sus respectivos proyectos, desgastando al adversario y llegar fuertes al momento de las negociaciones, donde todos ganan (menos los electores) al menos posiciones.
Sin embargo, esas decisiones -de designar candidaturas a las gubernaturas- las toma la élite nacional, donde la presidenta de la república se convertirá en la gran electora, solo empañada por la sombra de AMLO. Por esa la razón algunos aspirantes intentan desesperadamente vender la idea de ser amigas o amigos cercanos a la mandataria nacional.
En Michoacán, en Morena, existen dos grupos políticos fuertes que se disputan los espacios de poder: el del senador Raúl Morón y el diputado Leonel Godoy, contra el del gobernador, Alfredo Ramírez Bedolla.
El primero, por el activismo intenso que traen en la entidad, difundiendo ser cercanos a la presidenta Claudia Sheinbaum; y el segundo, por la operación política, partidista y electoral que realiza con los recursos del Estado, controlando para su causa la mayoría de diputados en el Congreso del Estado, la dirigencia estatal del partido y el consejo político del mismo.
Aunque el gobierno de Ramírez Bedolla se encuentra en crisis y un profundo desgaste en materia de credibilidad, siendo objeto del rechazo popular por la ausencia de resultados positivos en todas las áreas de la administración pública estatal, sumergiendo al estado en el caos y desesperanza; aun así, quien resulte candidato tendrá menos dificultades para operar si cuenta con la estructura del partido -que mantiene él- y para ganar se necesitan los recursos públicos del gobierno, que también controla él.
Lo anterior le significa al gobernador cierta ventaja al interior de Morena en el momento de las negociaciones para definir candidaturas y el reparto de posiciones. Pues, quien sea el candidato o candidata a gobernador (a) lo necesitará, incluidos los de oposición, que casi siempre son financiados también por el gobierno, para tenerlos controlados.
Frente a tales circunstancias, se pronostican los siguientes escenarios para la definición de la candidatura:
A). – Qué, ante la pugna irreconciliable entre el grupo de Morón Orozco y el del gobernador Ramírez Bedolla, se decida por “un tercero en discordia”. Aunque no se percibe un perfil competitivo que pueda ser ese tercero, eso poco interesa, pues en Morena cualquiera puede ganar. Alfredo Ramírez Bedolla es prueba fehaciente de ello.
B). – Esa decisión podría no ser compatible con los intereses financieros de Morón, obligándolo a irse de Morena y postularse por el Partido Verde y tal vez por el PT, si hace “los amarres” a tiempo, porque la dirigencia nacional del Verde ha ratificado que su candidato será Ernesto Núñez y el PT impulsaría al zacatecano Reginaldo Sandoval. Por lo que, Morón se quedaría nada más con “premios de consolación”, y la amistad de la presidenta. Si se convierte en el abanderado de ambos partidos (PVEM y PT), él sería el representante de la oposición (a Bedolla), obviamente simulada, y con posibilidades reales de ganar, por ser parte también de la 4T.
C). – De no ser Raúl el candidato de Morena, la abanderada más competitiva podría ser Fabiola Alanís, aspirantes que no se ha confrontado, es también cercana a la presidenta Claudia Sheinbaum (aunque no lo ha alardeado tanto) y contaría con el respaldo del gobernador y su partido, por representar “Es tiempo de Mujeres”. Aunque el gobernador se inclina más (aparentemente) por Gladys Butanda y Gabriela Molina, pero podría tratarse de una estrategia para llegar a las negociaciones con varias propuestas y “mayoritear” al adversario.
D). – Que el gobierno federal cite al gobernador del estado, le presenten el expediente que se le ha armado de la forma en que arrebató la elección, sus alianzas, vínculos y sociedades… obligándolo a sumarse y contribuir con el candidato que la cúpula nacional decida, a cambio de impunidad y tajadas del botín.
E). – Pero si el ungido es Raúl Morón Orozco, podría suceder que la adhesión y el apoyo sean fingidos, como se acostumbra, e impulse un proyecto alterno, como, por ejemplo, el “hombre del sombrero”, Carlos Manzo, que aparece como ganador en la mayoría de encuestas).
Pues la rivalidad entre Morón y Bedolla se antoja irreconciliable, y el embajador, “padrino” u operador de Morón, el Maestro Leonel Godoy, no es el más indicado para asumir la representación del aspirante a gobernador, pues en la memoria de los michoacanos pensantes sigue vigente que, gracias a él, como secretario de gobierno (y cuasi gobernador, ya que Cárdenas Batel lo único que tiene de estadista es el apellido), el crimen organizado se apoderó de Michoacán.
Además, faltaría la decisión del “otro gobierno”, los que en realidad mandan… Así que, aunque Morena es un partido que arrasa en las urnas, tiene que sortear hábilmente diversos obstáculos para conservar la gubernatura.
(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).



