SINOPSIS POLÍTICA/Gobiernos pútridos

J. Salatiel Arroyo Zamora

La corrupción de los gobiernos en México -de todos los partidos y niveles- ha venido de menos a más, al grado de convertirse en entidades completamente inútiles y excesivamente costosas para los contribuyentes, llevando al país al borde de la ruina en materia financiera y al colapso en salud, educación y seguridad pública.

La gobernabilidad institucional se extinguió, lo mismo que el estado de derecho y la estabilidad social, con ello, la confiabilidad en las instituciones del Estado mexicano. La ambición insaciable de poder y dinero, de la clase gobernante, los ha desquiciado y podrido.

Tan perdidos se encuentran quienes gobiernan el país, estados y municipios, que por dinero estrechan alianzas con los que ultrajan, saquean y descuartizan a sus semejantes, obligando a los mexicanos a trasladar sus esperanzas de conservar la vida y recuperar la libertad en un gobernante extranjero, el peor para muchos, el más discriminador, racista y azote de nuestros paisanos, pero el único que está llevando a prisión a los potenciales generadores de violencia en nuestro país.

Ya sólo faltaría encarcelar a quienes permitieron se hundiera la nación en el caos y el desamparo, y se favorecieron con la desgracia de los mexicanos. Al fin a EU le conviene, nada más por uno de los capos ingresará a sus arcas públicas 15 mil millones de dólares, alrededor de 270 mil millones de pesos (tres veces el presupuesto destinado para Michoacán).

Obviamente las autoridades mexicanas se fingirán merecedoras de ese botín y exigirán que parte del mismo sea retribuido al país para “reparar” los daños causados a la sociedad por las organizaciones criminales.

Sin embargo, muchos de los actuales y anteriores “servidores” públicos de la nación ya recibieron su “mochada” por adelantado, por dejar hacer y deshacer.

Además, al “Mayo” lo detuvo el gobierno de Donald Trump, no las autoridades mexicanas. Luego entonces, la recompensa es para quien atrapa la presa.

En tanto, los ex mandatarios estatales y nacionales, así como los traidores a la Patria que se encuentran en funciones, pudieran resultar trofeos monetarios más atractivos para los vecinos del norte, que no se intimidan ante los cargos presidenciales de sus posibles reos, nada más revisemos como traen del “pedúnculo” (o rabo) al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Obviamente las autoridades mexicanas negarán todo y volverán a culpar al pasado, apegándose al guion que han establecido para evadir sus fechorías, y que les ha funcionado:

Negar todo. Si las pruebas se les restriegan en el rostro, afirmar con cinismo que son falsas. Si las evidencias son muchas y contundentes, asegurar que se trata de un montaje. Si las testimoniales y documentales resultan irrefutables, hay que culpar al pasado.

Pero siempre, y en todo momento, hay que destruir al mensajero, incluso antes de que emita el mensaje, hay que destrozarlo, por traidor, vendido, chayotero, conservador, derechista y fifí. Es importante ensuciar y desacreditar moralmente al criticón, eliminar la credibilidad.

No obstante, las esperanzas de vida, libertad y progreso de millones de mexicanos están puestas en la intromisión injerencista del gobierno norteamericano en México, para que se siga llevando no sólo a los capos del narcotráfico, también a los dedicados a la extorsión, que han acabado con la economía de ciudades y pueblos, y con las posibilidades de invertir, generar empleos, al menos que sea con el capital de los criminales.

Pero el anhelo mayor de los mexicanos de bien, los productivos y sostén de la rapaz burocracia gubernamental, es que Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, nos quite a los políticos corruptos, aliados de criminales, y se los lleve para su tierra, con uno o dos ex presidentes de la República, ex gobernadores y mandatarios estatales en funciones, mandos del ejército y policiacos coludidos con “terroristas”, los que queden libres le pensarán dos veces, antes de recibir dinero que no sea ganado con trabajo honesto.

Mientras tanto, al no tener protección de la mafia del gobierno, los criminales civiles comenzarán a sacar del país lo que no les sea asegurado, y que ha servido para sobornar corruptos, siendo obligados a “jubilarse” o salir del territorio nacional, antes de ser extraditados. Lo que permitiría recuperar la paz añorada por muchos, para dedicarse a la vida productiva en un ambiente de seguridad y concordia… antes de acostumbrarnos a sobrevivir en el terror y a la “normalidad” de la inmundicia.

LA REBELIÓN DE “ALITO”
Alejandro Moreno Cárdenas, Senador de la República y dirigente nacional de lo que queda del PRI (la mayor parte se fue a Morena y algunos hasta mandan ahí) hizo lo que muchos mexicanos desean: propinarle unas buenas cachetadas al farsante, bocón y bravucón de Gerardo Fernández Noroña.

Personaje, al que ni siquiera el sector pensante de los partidos en el poder toleran. Pues constantemente encarna y exhibe lo peor de la política, convirtiéndose en la antítesis de un movimiento que se presume regenerador y transformador, y con tendencia de “izquierda”; pero que, en los hechos, Fernández Noroña demuestra ser peor de lo mismo.

Así que, los únicos culpables de lo sucedido en la Cámara de Senadores (el pasado miércoles) y sus consecuencias, son los que mandan en el régimen gobernante y que decidieron instalar en ese espacio, y cómo presidente, además, a alguien con el perfil de Gerardo Fernández Noroña, capaz de hacer perder el control al más tolerante, con sus majaderías.

Él es eficiente en campañas, utilizado como porro, vocinglero y golpeador de los adversarios. No para imponerlo en un espacio donde se requiere sensatez, respeto y diálogo, entre otros muchos atributos, de los que carece el Senador Fernández Noroña.

La política es de coyuntura y circunstancias, y el contexto actual no favorece al presidente del Senado; poseedor de una retórica y actitud convincentes de izquierda, hasta se disfraza de autentico luchador social, con vestimenta desalineada y barba crecida, incluso hace aproximadamente cuatro años vivía en una vecindad del centro histórico de la Ciudad de México y antes llegó a vender libros para solventar sus gastos, pero arribó al poder y se transformó.

Ahora, en lugar de contribuir en el fortalecimiento del movimiento (PT-Morena), deteriora la imagen del mismo y la propia. Resultando imposible para cualquier servidor público, o representante popular probo, convertirse en millonario en seis años… de comunista se ha transformado en lo que se supone más odia, ser burgués.

Al grado de comprarse una residencia de 12 millones de pesos, en una zona privilegiada, donde sólo los capitalistas explotadores de la fuerza laboral y los ladrones saqueadores de impuestos, pueden vivir.

A la anterior descripción de decadencia de Noroña, se suma la arrogancia y prepotencia que siempre le han caracterizado, pero ya en la cúspide del poder se ratifica con mayor virulencia, al utilizar la fuerza del Estado para obligar a un ciudadano asistir a la Cámara de Senadores a ofrecerle disculpas públicas, por haberle gritado “hipócrita” en el aeropuerto, durante uno de sus viajes.

Hoy, que su compañero Alejandro Moreno ha intentado poner freno a los excesos del Senador “izquierdista”, quienes se identifican con su actuar, sus seguidores y defensores, incluida la presidenta de la república, condenan la reprimenda ejercida en contra del poderoso y violento Gerardo Fernández.

Pero, esos mismos, que repudian la violencia en contra de los suyos, no se atreven siquiera a cuestionar el terrorismo que a diario se practica en contra de los mexicanos que representan, que son víctimas de extorsión, secuestro, tortura y asesinato. Al contrario, piden resignación, compresión y abrazos de la población para sus verdugos.

Debería darles pena interceder por alguien con esas características, pero si no se ruborizan siquiera de tener alianzas con cabecillas confesos del crimen organizado, difícilmente podrán sentir vergüenza abogar por un vulgar mercenario de la política, por un farsante representante popular (tampoco se escandalizan por llevar al Senado de la República a un declarado criminal, que contrató como colaborador y puso en sus manos grupos armados pagados por el estado, equipo, armamento y protección, al cabecilla del cártel de “La Barredora”), al contrario, lo defienden y protegen.

Sobra decir que Noroña recibió su merecido -de su igual-. Las razones o motivos, se ignoran; pero, seguro estoy, no es la defensa de los intereses colectivos de la población. Y las constantes majaderías, agresiones y amagos a sus compañeros legisladores, por parte del presidente de la Cámara, también fue pretexto…pero que bueno que le dieron su merecido (lo pedía a gritos) … y eso no es violencia, es reconvención, a un sujeto farsante, patán y prepotente.

Pensar que pudo ser presidente de la república mexicana, él y Adán Augusto López Hernández. Así somos de irreflexivos millones de mexicanos.

(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).

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