J. Salatiel Arroyo Zamora
La presea al mérito cívico, Suprema Junta Nacional Americana, es una condecoración que se instituyó para laurear a los zitacuarenses (personas físicas o morales) que, por sus aportaciones a la sociedad, la cultura, las ciencias, las artes o la educación, hayan dado honor y prestigio al municipio de Zitácuaro.
El mismo galardón se entrega -por parte del Congreso del Estado- para reconocer al michoacano (ciudadana o ciudadano, organización civil, organismo no gubernamental, institución pública o privada que se hayan distinguido por honrar con su trayectoria los valores de justicia social, fraternidad, libertad, fortaleciendo los derechos fundamentales del hombre en su formación cultural, social, científico, artístico o deportivo.
En esta ocasión el cabildo de Zitácuaro decidió que la Presea al mérito cívico Suprema Junta Nacional Americana se entregara a la escuela secundaria Nicolás Romero (número uno). En tanto el Congreso del Estado determinó que la recipiendaria de dicho galardón fuera la Fiscalía General del Estado.
Ambas instituciones con sus claro oscuros, en ciertos casos con más cargas negativas que méritos. Pero se espera que el magnánimo reconocimiento incentive el compromiso y fortalecimiento moral y cívico de ambas instituciones (una dedicada a la formación educativa y la otra a la procuración de justicia), para ennoblecer a posteriori la distinción y la gloria que han recibido, sin merecerlo.
De antemano se reconoce que hubo apego a la legalidad; es decir, se respetaron los lineamientos establecidos en ambas convocatorias. Pero el desacato a la moral y a la justicia son evidentes. Una conducta puede ser legal, pero no justa, mucho menos ética. Restando legitimidad y manchando el noble objetivo de tan relevante evento, que cada vez se deteriora más.
Primero, en lo personal considero que la Presea al mérito cívico SJNA, no debe ser entregado a servidor o funcionario público alguno, porque todos ellos en su salario llevan implícito el reconocimiento: por eso se les paga, para que hagan las cosas y las realicen bien (y de buenas). Sean maestros, representantes sociales o populares.
Ahora bien, es cierto que la secundaria Nicolás Romero es la institución de mayor prestigio entre las escuelas públicas de dicho nivel en el municipio, también lo es que transita por momentos difíciles, víctima de la descomposición generalizada que azota a la sociedad en su conjunto, donde la responsabilidad no es únicamente del personal docente y directivo, para contener y revertir la confusión de valores. Pues dicho proceso es particularmente deber de los padres de familia.
Sin embargo, a pesar del esfuerzo de maestros de vocación y convicción, la crisis dentro de la escuela es notoria, traspasando los muros para convertirse en escándalos del dominio público.
No tiene caso enumerar todos, pues algunos errores fueron reconocidos a tiempo y afortunadamente enmendados, por los tres o cuatro elementos que participan en la formación de los ciudadanos del futuro, la sociedad fiscalizando o denunciando las conductas, los padres y maestros reconociendo y sancionando, y los alumnos rectificando.
No obstante, hay asuntos donde podría persistir la simulación; por ejemplo, en el tráfico de influencias para el ingreso de nuevos alumnos, las cooperaciones voluntarias convertidas en la imposición de cuotas de inscripción de 700 pesos por alumno, el acuerdo de exclusividad con cierto negocio de venta de uniformes y las estrategias para explotar o estafar a los padres de familia cambiando los modelos, obligándolos a comprar uniformes nuevos, sin que pueda el hijo mayor heredar al hermano menor las prendas.
Entre otras prácticas que lesionan la economía de los padres de familia y benefician a unos cuantos estafadores, que, además de ultrajar los valores morales, estarían incurriendo en delitos graves, en un centro formador de principios, donde a los discípulos se les debe guiar -de manera intachable- con ejemplos de pulcritud y honestidad. Pero se incurre en conductas que, de ninguna manera significan méritos que deban ser elogiados.
La otra galardonada, es la Fiscalía General del Estado, institución pública que durante décadas (como Procuraduría General de Justicia) ha sido considerada la más putrefacta y corrompida área del gobierno de Michoacán.
Es cierto que con Adrián López Solís al frente se han dado avances sustantivos en su saneamiento, pero esa es la obligación de quienes en ella laboran, para eso se les paga y no representa ningún mérito. Más bien, debe castigarse de manera inflexibles a quienes se apartan de la ley, que se confabulan con criminales, secuestran, extorsionan, abusan o se exceden en el ejercicio de sus funciones, que cada vez son menos, pero existen y persisten.
ZITÁCUARO Y LA DECADENCIA POLÍTICA DE ALFONSO MARTINEZ ALCÁZAR
Zitácuaro históricamente (diría connotado gobernante local, de “principios” priistas, perredistas, petistas y morenistas, para quien todo lo que hace y deja de hacer, es “histórico”), ha sido referente de la política partidista estatal. De tal envergadura ha sido la influencia de este terruño, que de él han surgido cuatro gobernadores de Michoacán, y creo que hasta uno de Chiapas.
Precisamente por esa relevancia, es que Alfonso Martínez Alcázar, presidente municipal de Morelia y aspirante o pre precandidato a gobernador, se encuentra en este momento, y el día de mañana sábado, en Zitácuaro, a donde ha venido a pedir la “bendición” o el aval a los tradicionales (o “históricos”) caciques locales, en busca de hacer realidad su aspiración a la gubernatura de Michoacán.
Poncho, en su agenda, programó para hoy viernes reunión con liderazgos y estructura del PAN en el Club de Leones, a las 5 de la tarde. Porque a las 6 pm es el invitado de honor de la familia Orihuela, en el estadio Ignacio López Rayón, para que presida el arranque del torneo de futbol.
El aspirante a gobernador dará la “patada” inaugural del torneo de segunda división, del “Deportivo Zitácuaro”.
También ha trascendido que pernoctará en el Rancho Las Azaleas, propiedad de la familia Orihuela, invitado por uno de los cercanos colaboradores del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, Eduardo Orihuela Estefan, presidente del Consejo Económico y Social del Estado de Michoacán.
Martínez Alcázar está siendo cobijado en esta aventura electoral por los mismos cuadros o cacicazgos priistas que respaldaron con “consejos” a Alfredo Ramírez Bedolla como candidato a gobernador, porque liderazgo no tienen, más que en su torcida imaginación.
Apoyo que le ha resultado demasiado gravoso al mandatario, en dinero (más bien a los contribuyentes) y político, pues lo ha distanciado de las bases del partido (Morena).
Alfonso Martínez es un político (PAN) con amplia presencia en la capital del estado, lo que le permitió convertirse en el primer presidente municipal independiente de Morelia (2015). En 2021 volvió a conquistar la alcaldía bajo las siglas PAN-PRD, logrando nuevamente la reelección PAN-PRD en 2024.
Poncho sería el candidato natural a la gubernatura por el PAN y una eventual alianza con MC (único partido político opositor en crecimiento sostenido), pero ha incurrido en ciertas frivolidades o actos de desesperación que lo llevarían al ocaso.
Primero, el pleito de poderes con los dueños o dirigentes del partido en la cúpula nacional, particularmente con Marko Cortés Mendoza, que pretende seguir manteniendo en la ubre de los bisnes públicos a su familia, especialmente a su hermano, quien anhela convertirse en presidente de Morelia, en tanto Martínez Alcázar quiere todas las canicas para él solito, la candidatura a gobernador y a su esposa heredarle la alcaldía.
Otro error es el coqueto, posible alianza o “amasiato” con el gobernador Alfredo Ramirez Bedolla, quien está comprando, prostituyendo y usando para su causa a todo aquél que se preste ser lanzado en contra de Raúl Morón Orozco… hasta al del “sombrero” ya se echó a la bolsa, aunque simulan pleitos.
Los de Movimiento Ciudadano de plano han desistido en la intención de sumarse a Alfonso Martínez, no sólo por coqueto y facilote, sino porque MC ha preferido construir e impulsar proyectos propios.
Mientras que Poncho se está convirtiendo en el as bajo la manga del gobernador para enfrentar a Raúl Morón, en caso de que no cuaje “es tiempo de mujeres” y se desgaste la retórica valentona del émulo de Nayib Bukele, el “hombre del sombrero”.
Pero en Zitácuaro, la alianza de Alfonso Martínez Alcázar, es precisamente con los personajes contra quiénes han surgido todos los movimientos sociales de la región y del estado, los priistas “históricos”, dinosaúricos, caciquiles y otros tantos calificativos impuestos por los impulsores de los movimientos democratizadores, regeneradores y transformadores, de los que esos mismos protagonistas se han apoderado y gobernado a través de ellos hasta la fecha.
(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).



