J. Salatiel Arroyo Zamora
La semana pasada, la Fiscalía General del Estado de Michoacán ejecutó una trascendental aprehensión, la de uno de los presuntos homicidas del periodista Armando Linares López.
Acción que permitirá aclarar muchas dudas y diversas hipótesis, así como desenmascarar al o los responsables directos: el autor, o autores intelectuales del cobarde asesinato.
Claro es que los asesinos materiales sólo obedecieron órdenes, fueron el instrumento, la herramienta, el peón que jaló del gatillo, que recibió la orden de su jefe de célula, quien a su vez obtuvo la indicación, idea o petición de alguien más, seguramente un político.
¿Por qué manifiesto lo anterior?
Primero, he insistido que difícilmente un delincuente o cabecilla del crimen organizado tendría la iniciativa para asesinar u ordenar se le arrebate la vida a un periodista, no se encuentran en su rango de interés, pues no les significan peligro alguno.
Ellos aceptan su condición de delincuentes, hasta la alardean, incluso pagan a compositores para que les hagan corridos y a escritores para que se editen libros sobre sus hazañas.
No les importa la reputación, no viven de ella, gustan de la notoriedad, que se hable de ellos, bien o mal, pero que se hable. Sólo, regularmente repudian las mentiras, se les tache de cobardes y tacaños.
Segundo, a los que sí incomoda se hable mal de ellos, es a los hipócritas, a los farsantes, que viven de vender la imagen como mercancía, que usan la reputación para engañar a la población y emplean el “prestigio” para conseguir votos.
Es la clase política y gobernante la que desprecia a los periodistas críticos y los prefiere callados, y Armado Linares López siempre fue un reportero fustigador de los mandatarios y funcionarios corruptos.
Para nadie es secreto que, antes de que Estados Unidos de Norteamérica declarara al crimen organizado de nuestro país como terroristas, la mayoría de aspirantes, candidatos y alcaldes amagaban a sus contendientes y a la ciudanía incomoda con “levantones”, además se vanagloriaban de la cercanía, convivencia y vínculos con los cabecillas locales, quienes en la mayoría de casos decidían candidaturas e impusieron a los que ahora “mandan”.
Pero, después de la designación a los carteles mexicanos como organizaciones terroristas y que los capos están siendo entregados al gobierno de EU, para que aporten información impresionable de las operaciones de las agrupaciones delictivas, en complicidad con autoridades mexicanas, los políticos que se conducían como prostitutas con los cabecillas delincuenciales, ahora pretenden ser consideradas doncellas castas y honestas, bondadosos, generosos, solidarios, magnánimos, caritativos y todos llenos de virtudes.
Después de andarse empinando a los criminales, buscándolos para que los “apadrinaran” y les quitaran “piedras del camino”.
Si el presunto homicida de Linares López es o no culpable, lo determinará el “incorruptible” recién electo poder judicial, de acuerdo a las pruebas que presente la “virtuosa” Fiscalía respectiva.
Por lo pronto, otro detenido por la misma causa ya fue liberado, y absuelto, pues a criterio del Juez no se presentaron pruebas sólidas en su contra.
Lo cierto, es que las cárceles están llenas de inocentes de las imputaciones que les hacen, mientras las calles plagadas de criminales que siguen delinquiendo con absoluta impunidad.
El que debe estar preocupado es el autor intelectual. Si se trata de un delincuente civil (no político, ni gobernante o funcionario), seguirá aportando la respectiva cuota de protección y que la autoridad (y sus abogados) se encargue de los demás.
Si la presión es fuerte para sacarle más dinero, o en serio se pretende resolver el delito, cambiándose de plaza lo resuelve. Pero sí se trata de un político, seguro generará escándalos, realizará o financiará “movimientos sociales” en defensa de los derechos del imputado, para distraer la atención o demostrar su poder de liderazgo, en lo que logra negociar impunidad también para este caso.
Sin embrago, a estas alturas la autoridad conoce ya la identidad del o autores materiales. Sólo falta que en verdad quieran reivindicarse con las víctimas y sentar un precedente histórico de combate a la impunidad.
Mientras tanto el imputado ya ha sido vinculado a proceso, lo que significa que el Juez encontró suficientes elementos para continuar con la investigación, que hay indicios para seguir con el proceso penal en contra del detenido, por su probable participación en el asesinato del periodista.
No sin antes generarse conflictos entre defensores y personal de la Fiscalía, los primeros acusando que la institución no les quiso recibir un testigo clave para impedir la vinculación a proceso y la representación social señalando que el supuesto testigo era conducido, privado de la libertad, en la cajuela de un vehículo y que fue liberado por ellos.
Sin embargo, no hay detenidos por la presunta flagrancia de privación de la libertad.
Así que, los escándalos y jaloneos extrajudiciales por este caso han comenzado.
DECADENCIA DEL PARTIDO OFICIAL
Estamos a sólo 24 meses y medio de la toma de posesión del próximo gobernador electo de Michoacán y el desgaste del gobierno es notorio, sumergiendo en la decadencia prematura al partido oficial.
De acuerdo a información oficial del gobierno federal y de EU, respectivamente, Michoacán se ubica entre las nueve entidades del país con mayor índice de pobreza y marginación, entre los cuatro últimos lugares en el índice de competitividad y entre los cinco estados del país que el gobierno de Donald Trump considera de alto riesgo para sus connacionales, por la presencia y operación de organizaciones terroristas.
Aunque los anteriores son solo datos estadísticos, vistos y analizados desde el exterior, la realidad que padecen los pobladores es mucho más lúgubre, aunque algunos ya han ido acostumbrándose y hasta adaptándose a ella.
Sin embargo, otros, incluidos simpatizantes, seguidores, militantes y hasta ideólogos del partido gobernante, comienzan a decepcionarse, reagruparse y repudiar a los integrantes del poder público, así como el rumbo que están dando al movimiento que construyeron.
La decadencia de Morena inició desde la campaña de Alfredo Ramírez Bedolla como candidato a gobernador, con la tolerancia a la intromisión del crimen organizado en ella.
Hechos que fueron denunciados en su momento por el entonces gobernador, Silvano Aureoles Conejo, provocando la ira del presidente Andrés Manuel López Obrador, que -iracundo- retó a Aureoles a que si tenía pruebas las presentara.
Ni tardo ni perezoso Silvano acudió a Palacio Nacional con las supuestas evidencias, pero el constructor del Movimiento de Regeneración Nacional no lo recibió. Por lo que el michoacano se instaló en la sede presidencial -en un banco verde- esperando ser atendido por López Obrador. Imagen que dio la vuelta al mundo y encolerizó más al mandatario mexicano.
Para muchos, esa es la verdadera razón de la persecución contra Silvano, no el hurto del dinero público, que la inmensa mayoría de gobernantes y funcionarios practican, pareciendo que son premiados entre más ladrones y desvergonzados sean.
El dinero, supuestamente “distraído” de la construcción de los cuarteles de la Guardia Civil es el pretexto. El motivo real es la insubordinación al poder, rebelarse en contra del jefe máximo y denunciar a uno de sus pupilos de nexos con el crimen organizado.
De no haberse atrevido a tanto, Aureoles seguramente sería Embajador, como lo son la mayoría de ex gobernadores priistas. Pero esa, es otra historia.
Una acción más, que apresuró el hundimiento de Morena, es la desconfiguración del partido en el poder, entregar parte del gobierno a los caciques del PRI e incorporar en el gabinete a Silvanistas traidores, advenedizos y oportunistas, aislando y “pateando” a los partidarios por convicción y fundadores, a los aliados naturales.
Pero ha sido la ineptitud, frivolidad, simulación, voracidad y desenfreno lo que está terminando por sepultar a esa arrolladora fuerza electoral.
La inutilidad del gobierno la padecemos todos, con el sustancial incremento de la criminalidad e inseguridad, el evidente sometimiento de los gobiernos y sus funcionarios a los grupos regionales del crimen organizado (en los tres niveles); el saqueo patrimonial a la población por parte de funcionarios y criminales, a través del pago de los impuestos a la Secretaría de Hacienda, para que se le devuelvan en paz y seguridad, para dedicarse a la vida productiva en un ambiente de tranquilidad, y la cuota que se les exige, por parte de criminales, a cambio de respetarles la vida.
Ambos recursos tienen como destino final los bolsillos y cuentas bancarias de políticos y “servidores públicos”. Lo que provoca indignación, rabia e impotencia en el electorado, que podría direccionar el sufragio de manera revanchista.
Todo es simulación, frivolidad y animadversión entre los actores principales de Morena, creando incisiones difíciles de zanjar; por ejemplo, el gobernador finge estar conflictuado con Carlos Manzo, alcalde de Uruapan y este simula hasta el delirio atacar al gobernador, sin embargo, uno de los operadores más cercano de Ramírez Bedolla es hermano del alcalde de Uruapan y una consanguínea de Alfredo colabora en el gobierno de Uruapan.
Lo cierto, es que el mandatario michoacano utiliza su privilegiada posición e ilimitados recursos del Estado para establecer alianzas con todo personaje al que pueda utilizar y lanzar contra el grupo que supone es su adversario político, encabezado por Raúl Morón Orozco y Leonel Godoy Rangel.
Ahora le coquetea a Alfonso Martínez Alcázar, presidente municipal de la capital del estado y virtual candidatito del PAN y Movimiento Ciudadano al gobierno de Michoacán.
En tanto, la relación de Alfredo Ramírez con el PRI, es de pactos tipo “pago por evento”: le contrata el cariño por elección, los empina, usa y desecha. Luego el PRI se alborota, respinga, los vuelve a contratar y gustosos permiten ser nuevamente “ultrajados”.
Con el PRD es parecido, salvo que el amasiato 4T-Revolución Democrática es más dócil. Por ello se ha calificado a los perredistas de Octavio Ocampo como los “mansitos”, por el nivel de domesticación. Ahí no hay problema, ni oposición real. Pura simulación.
Los únicos antagonistas a quienes tienen el monopolio del poder público en Michoacán, son los de casa, lo propios morenistas, los que se quedaron fuera de los privilegios o no están pegados a ubre presupuestal, los que buscan quitar a los que están para llegar ellos.
Además de los opositores al gobierno por convicción, que son casos excepcionales, pero sí existen. Son esos que ven la corrupción en el gobernante sin importar la filiación partidista y la combaten, no para presionar en busca de oportunidades personales. Algunos son izquierdistas de verdad, no electoreros.
Desprecian el poder en todas sus manifestaciones, conscientes de que el hombre íntegro, honorable y digno, jamás explotará, (mucho menos robará) a su semejante, ni dispondrá del capital que no haya ganado con su trabajo, “con el sudor de su frente, no con el esfuerzo del de enfrente”.
Estos, empezarán a desertar de Morena, otros no alcanzaron siquiera a afiliarse (los puros) y emprenderán la lucha contra la corrupción fuera de los partidos políticos.
Los buscadores de “hueso” podría aglutinarse en torno a Raúl Morón, que, si no lo dejan en Morena, cobijará su candidatura con las siglas del PVEM y PT.
Pero al grupo de Alfredo Ramírez Bedolla, lo que le sobran son aspirantes y dinero ajeno para tratar de imponerlos.
(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).



