Jaime Darío Oseguera
Esta semana el Congreso del Estado designó a los titulares de tres instituciones muy importantes para el futuro de Michoacán.
No es un asunto menor la designación del nuevo Fiscal General de Justicia y los titulares de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y la Comisión Estatal de Atención a Víctimas.
El desafío del sistema de justicia no le corresponde sólo al Poder Judicial. Esa ha sido una insuficiencia en el diagnóstico sobre el funcionamiento del aparato que imparte justicia.
La ley no debería tener distingos y su aplicación sujeta a reglas claras.
Lo cierto es que en nuestro país las cosas no son así.
Durante mucho tiempo las fiscalías o lo que fueron las procuradurías se convirtieron en la fuente del desprestigio institucional del gobierno.
El deterioro fue avanzando de tal manera que se tomaron decisiones caras, costosas en términos del fortalecimiento institucional.
En lugar de sancionar los errores y las deficiencias de las fiscalías, se les fueron asignando facultades a nuevas instancias que en la realidad no tienen la coercitividad para castigar excesos del poder, ni la capacidad para resolver problemas derivados.
A finales de los ochenta, el Presidente Salinas le dio el estatuto constitucional a la Comisión Nacional de Derechos Humanos como una instancia que vela por el cumplimiento del compromiso que el gobierno tiene con sus gobernados: respetar sus garantías y hacer valer sus derechos.
Está en la finalidad del Estado asegurar que los individuos tengan a salvo sus garantías y derechos. Que nadie los conculque, menos el poder público.
Ellos, los individuos, son los destinatarios del pacto social.
La tragedia de la cultura, es que los medios se convirtieron en fines y entonces, los gobiernos trabajan para autoproveerse y mantener su cómoda existencia, en lugar de trabajar para lograr la felicidad plena de las personas.
No es un asunto de ingenuidad, sino de deterioro institucional que se ha venido dando durante años. Hay muchos países donde las cosas funcionan bien y no es necesario que existan instancias de defensa de los derechos humanos ni de atenciones a víctimas.
¿Por qué? Por la sencilla razón de que la procuración de justicia hace su trabajo bien y están sujetos a la ley, punto. Acá tiene muchos años que no es así.
Por eso han tomado fuerza las instancias que los vigilan y sancionan a manera de recomendación los manejos indebidos de las cosas que las fiscalías deberían hacer bien.
Las instancias de atención a víctimas se crearon ante la falta de capacidad de las fiscalías para dar respuestas sensatas a la gente. Desesperados e impotentes ante la autoridad que debería protegernos, se crearon instituciones para presionar el buen funcionamiento de las fiscalías. Ha sido un avance, pero en la realidad son esfuerzos dobles. En algunos casos es tiempo perdido porque no funcionan ni unos ni otras. Pura burocracia.
En el fondo todos deberían trabajar para garantizar el respeto a los derechos humanos; tan sencillo como suena y tan difícil que parece de cumplir.
Hoy se ha empezado a discutir si las fiscalías deberían ser designadas por el periodo que cumplan los gobiernos que las proponen, como antes.
Parece lógico que un gobierno disponga de la designación de su fiscal y que corra la suerte de lo que haga en su trabajo. Cuando termina el gobierno constitucionalmente electo se van los dos y se evalúa su funcionamiento.
Eso parece venir entre las reformas que está proponiendo a nivel nacional la Presidenta Sheinbaum, para que vuelva el esquema en que el gobierno electo proponga al congreso una terna y la legislatura designe un fiscal que cubra el sexenio y ya.
Por lo pronto el asunto es muy fácil de establecer: las tres instancias designadas tienen el desafío de velar por los derechos humanos de los michoacanos. No es un planteamiento de números o estadísticas.
No se trata de ver si bajan los indicadores de muertos por homicidios dolosos o si le corresponde a la federación su castigo, sino que los michoacanos nos podamos sentir más cuidados, atendidos y protegidos en nuestra propia casa. Nada más.
La tarea es sencilla de definir, pero en los hechos, por todo lo que estamos viviendo, parece difícil de cumplir.
(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).



