DE PE A PA/Morena se resquebraja (II parte)

Alberto Vieyra Gómez.

Uno de mis tres lectores y radioescuchas, que seguramente es ingenuo pregunta que si ¿La política y los politicastros mexicanos son románticos?

Otro querido lector pregunta sobre los principales códigos que rigen en las grandes mafias criminales y se preguntan si ¿En Morena con Adán Augusto López ya es parte de la nueva mafia del poder?

Las mafias tienen estrictos códigos de conducta como ese de mortal que hace hincapié en la lealtad y el secreto, es decir que una traición o abrir la boca equivale a la muerte o “No es nada personal, es estrictamente empresarial”, este último código lo encontramos en El Padrino de Mario Puzo.

Ricardo Raphael profundiza en su análisis sobre la gansteril negociación política entre Adán Augusto López y los impresentables Yunes. Dice en su columna en Milenio:

“No fue normal lo primero, tampoco puede serlo lo segundo, pero ambas son prácticas criminales que deben ser expulsadas de la vida democrática de nuestro país, si un día queremos recuperar la paz y, no sobra reclamarlo, la dignidad de la política.

Es en este contexto que deben interpretarse las declaraciones del general de brigada, Miguel Ángel López Martínez, jefe de la 30 Zona Militar, quien informó que Bermúdez Requena era un prófugo de la justicia después de haber sido acusado como el líder de la organización “La Barredora” que, desde hace tiempo, sometió a la población tabasqueña a una infame ola de violencia.

No fue un acto ingenuo proferir esta acusación pública. Sería contrario a toda lógica que un mando del Ejército tan encumbrado hiciera pública esta información sin asumir que, antes, el general haya contado con autorización para hacerlo. En la cultura militar, un acto así no ocurre por azar. El general tuvo que haber recibido autorización para destapar la cloaca, conociendo las consecuencias políticas de sus palabras.

La cadena de mando que rige a la jerarquía militar obliga a suponer que el mando superior tomó previamente la decisión de abrir una brecha en la política mexicana que iba a alcanzar a Adán Augusto López, amigo de Bermúdez Requena y, por tanto, al ex presidente Andrés Manuel López Obrador, cuya estrechísima relación con el senador morenista es más que conocida.

¿Por qué las fuerzas armadas tomaron la decisión de estallar este misil atómico? Hay antecedentes que apenas comienzan a darse a conocer: Adán Augusto López, desde la época en que fuera secretario de Gobernación, promovió entre los gobernadores afiliados a Morena y a otros mandos policiales señalados por sus vínculos con el crimen organizado.

Fuentes de inteligencia militar aconsejaron a los gobernadores morenistas para que rechazaran esos nombramientos. En cada caso aportaron información sobre las sospechas que pesaban sobre esas propuestas ya que existe evidencia, buena parte publicada por los medios de comunicación locales, sobre vínculos indeseables con organizaciones criminales.

Cabe por tanto especular que la declaración del general López Martínez haya tenido como intención poner un dique a la injerencia de Adán Augusto López sobre el control corrupto de las instituciones mexicanas dedicadas a combatir a la delincuencia organizada.

De ser así, resulta obligado preguntarse si el liderazgo de las fuerzas armadas actuó como lo hizo por iniciativa propia o solicitó autorización de quien encabeza a ese brazo del Estado mexicano, es decir, a la presidenta Claudia Sheinbaum.

Aunque no debe descartarse, sería muy alarmante que el mando militar haya actuado sin autorización de la jefa del Estado mexicano. Provocar una crisis política en el seno de Morena sin acuerdo con la Presidencia sería un hecho harto preocupante.

Una interpretación alternativa de lo ocurrido indicaría que fue desde la Presidencia que se ordenaron las declaraciones emitidas por el general López Martínez y por tanto que Sheinbaum ya tomó la decisión de romper, no solo con Adán Augusto López, sino también con el yugo político de quien la impulsó para llegar ahí.

No pareciera coincidencia que todo esto ocurra durante el mismo lapso en que, desde la Casa Blanca, Donald Trump haya acusado al gobierno de México de no “desafiar” con suficiente fuerza a los verdaderos líderes del crimen organizado de nuestro país.

Lo “normal” deja de serlo cuando los arreglos políticos corruptos se vuelven insostenibles.

¿Será que algo así está por fin sucediendo?”

(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor).

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