Marco Aguilar
Las deficiencias estructurales del nuevo mercado de Pátzcuaro han comenzado a evidenciarse de forma alarmante: grietas y fisuras notorias han aparecido en las fachadas, lo que pone en duda no sólo la calidad de la ejecución, sino también la supervisión de la obra.
Resulta inadmisible que, tras una inversión millonaria y un discurso oficial de modernidad, el edificio presente tales fallas en tan corto tiempo.
La arquitecta Gladyz Butanda, responsable de la obra, ha evadido su responsabilidad pública enfocándose en su proyección política, como si su cargo no implicara rendición de cuentas.
Podrán intentar disimular los desperfectos con retoques, pasta y pintura, pero la mala planeación y ejecución no se corrigen con maquillaje.
Es vergonzoso que, amparada por la protección política que ostenta, esta funcionaria no enfrente consecuencia alguna. La impunidad parece ser el premio para quien debiera responder ante la ley y ante la ciudadanía.
Pero el poder no es eterno.
Ojalá llegue el momento en que se exijan responsabilidades conforme a Derecho.
Las evidencias están a la vista.



